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Crítica:LA CRÍTICA | Teatro

Evolución previsible

La última pieza de Mayorga que puede verse estos días en el Romea tiene un primer acto (o hasta el primer fundido a negro) estupendo, un desarrollo de lo más irregular y un desenlace con supuesto giro inesperado que, tras otro desarrollo tendría su aquél, pero que aquí no tiene ni aquél, ni éste, ni norte, ni nada.

La tortuga de Darwin es Carmen Machi. Y es, en todo caso, su historia, la de una anciana extravagante de andar grotesco que visita a un historiador para enmendarle la plana en lo que concierne a su último volumen publicado, lleno, según nos argumenta, de errores de los que puede dar fe porque ella sí que estuvo allí: en la batalla de Verdún, en el bombardeo de Guernica, en los discursos de Hitler. Y es que Harriet, así es como se llama, es en realidad una tortuga que se escapó del jardín de Charles Darwin y arrastra 200 años de existencia sobre su caparazón. El resto del elenco y de las subtramas sobran y molestan: un buen tijeretazo aligeraría, además, su larga duración.

'LA TORTUGA DE DARWIN'

De Juan Mayorga. Dirección: Ernesto Caballero. Intérpretes: Carmen Machi, Vicente Díez, Susana Hernández, Juan Carlos Talavera. Teatro Romea. Barcelona, hasta el 5 de octubre.

Menos mal, pues, que el montaje cuenta con Carmen Machi, la televisiva actriz que demuestra con este papel su enorme versatilidad al transformarse en un auténtico quelonio de cabeza retráctil y todo. Al tono de su voz, a los gestos de su rostro y a la torpeza de sus pasos añade ese toque de comicidad que suele impregnar a sus personajes y, aunque su discurso tampoco es nada del otro mundo, consigue dotar a ese previsible discurso del interés que en sí mismo no tiene. Machi está sencillamente soberbia. El resto debería ser silencio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2008