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Una semana a la espera de que Marta regrese

La menor desaparecida en Sevilla fue vista por última vez hace ocho días

Antonio del Castillo contó anoche 192 horas desde que su hija Marta desapareció de su hogar por sorpresa. Una vecina se cruzó con ella en el portal de su edificio la noche del sábado 24, y desde entonces todo son conjeturas. Han sido horas y horas de incertidumbre y angustia para la familia, y de trabajo desbordante para la policía. La desaparición de la menor mantiene al barrio sevillano de Tartessos en vilo, pendiente de poder volver a verla: vaqueros, jersey blanco, un pañuelo fucsia y cazadora negra de pana vestía Marta hace una semana.

Alrededor de las nueve y media del sábado 24 la joven llegó al portal de su edificio, y es probable que subiera a casa para conectarse a Internet, ya que su padre aseguró que había apagado el módem para la conexión, y cuando regresó estaba encendido. Durante ese tiempo hasta que una vecina se cruzó con ella en el portal en actitud de espera, la chica pudo haber quedado con alguien conocido. Pero un vecino relató a la policía que escuchó un grito alrededor de las diez de la noche. Desde entonces, su móvil continúa apagado.

"Tanto apoyo nos da fuerzas. La felicidad dentro del drama y la angustia"

Algunas noticias la situaron en la estación de Plaza de Armas esa noche, pero lo cierto es que los testimonios son muy numerosos y a menudo contradictorios.

La policía sigue sin descartar ninguna hipótesis e investiga con un equipo especializado en desapariciones, junto al Grupo de Homicidios, Menores y de Pericias Informáticas, que trabajan bajo el secreto de sumario decretado por el Juzgado de Instrucción 4 de Sevilla. Tras la toma de declaraciones a la familia, amigos y vecinos, el equipo de Pericias Informáticas ha centrado sus esfuerzos en el análisis de las conversaciones que mantuvo Marta con sus amigos y conocidos a través de diferentes portales como Tuenti, la red social favorita de los adolescentes y su vínculo más fuerte desde casa.

La investigación avanza, pero a medida que pasan los días la esperanza de que se trate de una huida voluntaria de Marta, se desvanece poco a poco. Las desapariciones de adolescentes suelen deberse a fugas voluntarias y se resuelven en 48 horas.

"Se me pasan mil cosas por la cabeza, pero estoy segurísimo de que por su propia voluntad no se ha ido. Todavía no me creo que no esté", afirmaba el pasado sábado su amigo Gabriel. La pandilla de Marta está formada por una decena de adolescentes que se citaban para salir por el centro e ir al cine cada fin de semana. Entre ellos, la policía descartó la intervención en la desaparición de un novio con el que Marta salió antaño, porque "sus coartadas eran muy buenas", destacó un investigador.

El padre de la adolescente, aguanta desolado como puede el aluvión de mensajes y pistas -falsas o certeras- que recibe la familia. "Yo llamo a la policía a cualquier hora y siempre me cogen el teléfono, aunque sean las dos de la madrugada". El pasado sábado se lamentaba de su tensa espera ante la investigación policial, y con la boca pequeña pedía que le dieran más información, aunque comprendía que el sigilo en las pesquisas es vital para aclarar la desaparición.

"Tanto apoyo nos da fuerzas para seguir buscándola. Es la felicidad dentro del drama, pero la angustia es tremenda", describía ayer Javier Casanueva, portavoz de la familia. El pasado sábado ese apoyo se concretó en una manifestación que recorrió el barrio de Nervión hasta la casa de la chica en el barrio de Tartessos. Las llamadas de gente que asegura haber visto a Marta se han multiplicado desde ciudades repartidas por todo el país. En la casa, el teléfono suena con frecuencia y mantiene los nervios a flor de piel.

Tras comprobar la policía la gran actividad de Marta en Tuenti, red social a la que pertenece su pandilla, ha surgido una cierta alarma acerca del control de los padres sobre estas redes sociales en las que los menores se relacionan a diario, pero no siempre con todas las garantías de seguridad. Una semana después de la desaparición de Marta, unos jóvenes convocaron un evento que devino en la manifestación del pasado sábado.

"Los chavales estaban asustados y se les fue de las manos con tanta gente. Tuvo que ayudarles una asociación de vecinos para pedir los permisos", contaba ayer Casanueva. La manifestación de solidaridad ha dado nuevas fuerzas a una familia rota por la ausencia de Marta. Un psicólogo ayuda a la madre de la adolescente, y mientras las hermanas menores de Marta conviven con un familiar para no sufrir la espera en casa, que se ha convertido en un centro de operaciones visitado cada mañana por los medios de comunicación.

La búsqueda de la joven cuenta con 20.000 carteles repartidos por las esquinas de Sevilla y otras ciudades, perfiles en redes sociales y ayudas voluntarias de taxistas, camioneros y transportistas que difunden la imagen de esta chica de ojos verdes y 1,65 de estatura que todos buscan sin resultados, de momento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2009