Manuel de Lope (Burgos, 1949) publica Otras islas, su nueva novela. Muy buena noticia, entre otras cosas, porque ello nos permite recordarle al lector una de las mejores novelas españolas que se publicaron en los años noventa del mismo autor: Bella en las tinieblas. El escritor retorna a las atmósferas insospechadas de aquella obra. Claves tonales, siluetas psicológicas, la escritura que conduce y seduce, el énfasis mítico en el diseño de los territorios y los paisajes físicos (herencia quizás del gran Juan Benet, al cual homenajea con la condición de ingeniero de caminos y secreto poeta de su protagonista, Alfredo Fortes). Podríamos incluso retroceder y hallar una incipiente matriz novelesca en otra novela suya, Shakespeare al amanecer (1993), una parecida solvencia compositiva, el mismo talento para trazar más que víctimas ideas dolorosas e inconfundibles de ellas. Y sobre todo de estas dos, aprovecha Otras islas la delicadeza narrativa exacta para el desarrollo de los asuntos turbios y el uso de las elipsis justo donde el relato necesita repartir dudas en dosis iguales entre los propios agentes del argumento y el lector.
Otras islas
Manuel de Lope
RBA. Barcelona, 2009. 319 páginas. 22 euros
Un ingeniero, Alfredo Fortes, y un contratista, Julio Meneses, absorben el grueso de la atención novelesca. El opaco Meneses y la turbia madeja de intereses inconfesables que se desarrollan en Valencia entre éste y el bueno y torturado de Alfredo, pueden remitir a veces a tratamientos y seres parecidos en ambigüedad y cinismo de novelas de Juan Carlos Onetti. Y la solución verbal y expresiva (o casi inexpresiva) de los diálogos entre ambos, parecen sacados de los relatos de Hemingway. Manuel de Lope repite en esta novela su pericia narrativa en la construcción de algunos personajes crepusculares, seres que se mueven entre las tinieblas de sus pasados y de sus presentes al borde de lo indecible, lo canallesco y lo piadoso. (Hay que subrayar que estos dos tiempos, el pasado y el presente, se nos muestran siempre en la narración como una sola realidad temporal. Así obtiene De Lope esa rara intemporalidad de los ensueños o las pesadillas). No es menor la importancia de la fusión entre lo rural y los relatos de sus habitantes. Y luego no hay que soslayar la solución técnica en la inventiva de las descripciones. La vieja María Antonia que habla con el espíritu de su abuela muerta. Aquí el autor nos ahorra la solución fácil del goteo de recuerdos: su escritura visualiza esos momentos, nos los entrega vivos y originales. Como si no hubiera transición entre lo físico y lo irreal: o entre los vivos y los muertos. Manuel de Lope nos devuelve todo el perfume transgresor y lesivo de algunos protagonistas de Bella en las tinieblas. Una parecida parquedad en los sentimientos y en las palabras. Narrada en tercera persona rigurosa y dividida en cuatro partes, Otras islas es una novela sobre las distintas caras de la belleza, además de contarnos la tristeza de algunos pecados necesarios para sobrevivir. La tristeza de la carne, que decía Mallarmé. La carne, la muerte y otros misterios no menos inescrutables son toda la materia humana y no humana de esta hermosa novela. -
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de abril de 2009