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COLUMNA

El artículo río

Hay una subclase de articulista en la prensa vasca que tiene una fe ciega en la paciencia de su exigente lector. Y es que el lector de prensa vasca aún defiende un mito desechado por las sociedades modernas: el de que en los periódicos puede encontrarse la verdad. Por extraño que parezca, el lector de prensa vasca considera que el articulismo es una subespecie del ensayo. Y en el pecado lleva la penitencia. Para él se ha creado uno de los artefactos más maléficos y perturbadores de toda la historia del periodismo: el artículo río.

En efecto, así como en literatura existe la novela río (gruesos mamotretos en que se describen los avatares de infinitas generaciones de una misma familia) también en la prensa vasca florece el artículo río, como una sábana de papel inabarcable, un artefacto de pertinaz escritura y no menos pertinaz publicación. El artículo río es alto como un rascacielos, largo como un transatlántico, grande como un diplodocus, grasiento como un hipopótamo del Nilo. Se extiende sobre la estraza periodística como una crecida. Es la rotura de una presa. Es una irresistible inundación. Pero hay otro requisito imprescindible para la configuración del artículo río característico de la prensa vasca: el tema, que debe ser siempre el ya sabido. El tema es el gran tema, nuestro tema: nosotros mismos.

Nadie podrá medir jamás el daño que ha hecho el conflicto político al periodismo del paisito. Se trata de un daño menor, sin duda, pero daño al fin y al cabo: aquí los articulistas que se encaran con la vida, y la emprenden con ella, y le buscan la boca, y le buscan las vueltas, son contados. Mientras tanto, el conflicto vasco, eterno y aburrido y recurrente, obra a modo de excusa, de modo que el articulista río se aprovecha de que vive en un país tan anormal para encajarnos día tras día la misma pieza, igual de larga, igual de previsible. Amparado en el tema vasco, el articulista río reitera la misma idea mediante todas las combinaciones sintácticas posibles, en un monótono tam tam desprovisto de cualquier atisbo de armonía. Gracias al tema vasco, el artículo río ha hecho de la prensa del paisito una cantera inagotable de adoquines. Porque el artículo río se escuda en que hacen falta muchísimas líneas para desentrañar el laberinto vasco, descifrar el jeroglífico vasco, decodificar la simbología vasca. Por eso los articulistas glosan, rodean, circunvalan, zigzaguean o atraviesan nuestro problema, sea con la cautela de un merodeador nocturno, sea con la temeridad de un hombre bala.

¿Ha alcanzado el artículo río entidad suficiente para desentrañar, de una vez por todas, las arduas cuestiones que suscita el problema vasco? Realmente nadie lo sabe, nadie puede saberlo: más que nada porque, para confirmar tal suposición, haría falta leer hasta el final alguna de esas piezas. Pero eso nadie lo ha logrado, todavía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de abril de 2009