Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

El estribillo del 'Porompompero'

Los alcaldes del PP no acudieron finalmente a la recepción convocada el pasado jueves por la Diputación con motivo de la primera visita oficial a Málaga del nuevo presidente de la Junta, José Antonio Griñán. El máximo dirigente del PP en esta provincia, Elías Bendodo, impuso a los ediles populares que se ausentaran del acto ya que "lo necesario en estos momentos es reunirse para trabajar y no para tomar cervezas y hacerse la foto". Como supongo que no fue una iniciativa personal de Bendodo, habrá que pensar que éste debió de recibir instrucciones de algún dirigente de la ejecutiva regional del partido, quien posiblemente estaba en una caseta de la Feria de Sevilla alrededor de una botella de fino y un plato de jamón. O sea, trabajando para escapar de la crisis y sin preocuparse por salir en las fotos.

No tengo constancia de ello pero sospecho que debió de ocurrir como les cuento, ya que el comunicado del PP en Málaga justificando el plantón sólo cuestionaba que se bebieran cervezas. O sea, ni una referencia en la nota al fino o a la manzanilla, seguramente para salvaguardar a algunos compañeros del partido en Sevilla que -a la misma hora que en Málaga estaban de plantón- estarían disfrutando en la Feria de estos caldos, que al contrario que la cerveza no sólo no deben de ser incompatibles con el trabajo sino que ayudan a pensar en nuevas propuestas para paliar la crisis. La ausencia del PP en este acto puso en evidencia dos cosas. De un lado, que Chaves se fue sin acabar la segunda modernización, en concreto, la modernización del primer partido de la oposición. De otro, la necesidad de profundizar en el discurso de Griñán sobre la importancia de la educación y, especialmente, de facilitársela a quienes, a veces, parecen no tenerla.

O el Partido Popular en Andalucía encuentra rápido un discurso para hacer oposición a Griñán o volverán a producirse muchos despropósitos como éste de Málaga. Con el riesgo, además, de poner a los pies de la oposición a algunos de sus principales dirigentes. Cada crítica al nuevo presidente de la Junta parece dirigida al alcalde de Málaga. Se ha censurado a Griñán que se encuentre al final de su carrera política -De la Torre es mayor que Griñán y el PP se ha mostrado favorable a que repita como candidato-, han cuestionado la legitimidad de su elección tras la marcha de Chaves -De la Torre fue alcalde por la marcha de Celia Villalobos-, y luego montan un plantón a Griñán el día que el primer edil de Málaga le recibe en su despacho, cuando De la Torre ha hecho de la supuesta falta de respeto institucional de la Junta hacia la ciudad la bandera tanto de sus quejas como de sus excusas.

Si es verdad que el roce hace el cariño, no hay dudas de que Chaves y Arenas se han rozado. Y que la ausencia del primero está pesando como una losa sobre el segundo, ya que no siempre la distancia es el olvido. No hubo más que ver el pleno de la sesión de investidura de Griñán, donde Arenas lo negó en tres ocasiones llamándole Chaves. Lo del roce y el cariño es tan verdad, como lo que se muere en el alma cuanto tu principal enemigo político se va. Arenas se ha quedado en Andalucía como el abuelo del todoterreno, un dirigente noqueado que cualquier día es capaz de preguntarle a un periodista: "¿Y cuando dices que se fue Chaves?...".

El actual problema de Arenas no es que haya perdido los papeles, que siguen siendo los mismos desde hace años. El problema es que estos papeles están ya amarillos por el paso del tiempo. Y esto quizás se notara menos frente a Chaves, pero canta demasiado ante los primeros cambios que el PSOE ha empezado a mostrar en Andalucía. Por eso la marcha de Chaves ha dejado al PP con un discurso más simple que el estribillo del Porompompero. Con Chaves decían Porompompón y con Griñán dicen ahora Porompompero. Y ahí siguen, con la misma música y en la misma parte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 2009