Al parecer, la demanda de ingresos en residencias privadas de la tercera edad ha descendido considerablemente en la mayoría de los centros. De manera que, de haber grandes listas de personas en espera -antes de la crisis- dispuestas a ingresar, se ha pasado a una disponibilidad de plazas en torno al 25%. Todo ello debido a la caída directa de la demanda y a que las familias sacan a sus mayores de los centros para llevárselos a casa ante la dificultad de hacer frente al gasto.
Una realidad que, sin duda, nos invita a la reflexión. Antes de la crisis no teníamos sitio en casa para los abuelos; ahora, de repente, no sólo lo hemos encontrado, sino que gracias a su pensión más de una familia va a poder atravesar el desierto de la crisis.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 2009