No me preocupa, el día que me case, que mi matrimonio se confunda con el de los homosexuales, porque, en ambos casos, los derechos y deberes de los contrayentes son los mismos. Pero sí temo, como he leído en su periódico, que se equipare la bienvenida o "bautizo civil" de un niño con la botadura de un barco, y que, tomada al pie de la letra, se intente romper una botella de cava en la crisma de mi hijo.
Estamos viviendo, sin duda, en un indiscriminado clima de igualación o nivelación. En realidad, más que en la igualdad, creo en la cordialidad, o fraternidad. Y me gustaría dar una fiesta, a la que acudieran todas mis amistades, tanto las progres como las regres, el día de mi despedida o "extremaunción civil".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 2009