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COLUMNA

Estrasburgo a la vista

La oferta partidista ha experimentado una ampliación en estas elecciones europeas, de inminente escrutinio. Varias formaciones pueden alcanzar escaño en Estrasburgo, pero muchas más han nacido en los últimos meses. En el paisito, desde siempre, los partidos encuentran tierra fértil y prosperan como tiernas florecillas o como gruesos abejorros, según.

Variada es la oferta en los comicios europeos, pero promete serlo aún más en próximos escenarios de índole comarcal. Aralar y Eusko Alkartasuna se dan ahora la mano, pero cuenta cada uno con un Mr. Hyde particular: Iniciativa Internacionalista y Alkarbide. Algo parecido ocurre a Ezker Batua, que tendrá que vérselas con Alternatiba. La familia semántica que florece en torno a alternativo siempre ha hecho fortuna en la izquierda, quizás porque entre tantas escisiones todo nuevo partido es siempre alternativa al anterior. Y al abanico electoral de izquierda ecologista feminista progresista y sostenible, se le añade una propuesta del PSOE que derrota hacia el mismo lado: la diputada Gardiazabal no parece interesada en disputar a nadie el centro.

Llevando el microscopio en otra dirección asoman curiosos acontecimientos bacterianos. El PP propone seguir conservando en Estrasburgo el brazo incorrupto de Mayor Oreja, miembro incombustible de la nomenclatura popular, que hace buena la leyenda de la asamblea europea como cementerio de paquidermos. Del cabeza de la lista del PP nadie recuerda un solo rasgo europeísta, una sola declaración ajena a conflictos internos, un solo acento que no venga inspirado por el chovinismo español, lo cual dice muy poco de la entidad política de la asamblea del Estrasburgo, y mucho de su condición de balneario.

Pero entre las paradojas de la campaña ninguna como la que protagoniza Coalición por Europa. El feroz jacobinismo con que se organizan las elecciones europeas en el Estado español (los jacobinos tienen más polvo encima que la momia de Lenin) obliga a que los partidos nacionalistas se agrupen en candidaturas conjuntas, donde van entreverando candidatos en función de su respaldo electoral. Pues bien, los votantes del PNV deberían saber que el próximo domingo, antes que a Izaskun Bilbao, darán su respaldo a Ramón Tremosa i Balcells, por mucho que en las papeletas habilitadas ni siquiera aparezca tal individuo. Poca fe deben de tener los nacionalistas en tal coalición cuando ocultan su cabeza de lista a los votantes, con la miserable complicidad, por cierto, del Ministerio del Interior, al que hay que suponer responsable de hacer las papeletas. Por cierto, Ramón Tremosa ha realizado en campaña muchas propuestas de inversión en Cataluña que entrarían en radical conflicto con los intereses de Euskadi. Y todavía más: se autodenomina "liberal de izquierdas". Si el oxímoron es tolerable, como dijo el argentino inmortal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 2009