La situación es insostenible. Las cosas se complican para Francisco Camps. Ayer fue para él un auténtico lunes negro. Primero fue la noticia publicada por este periódico de que la policía había encontrado en un yate de la trama de Correa nuevas pruebas sobre los supuestos regalos al presidente valenciano. Camps no quiso contestar a las preguntas de los periodistas y, de manera un tanto displicente, se limitó a decir que no seguía ese tema, para a continuación añadir que ni conocía dichas noticias, ni le interesaban. Apenas unos minutos después la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana hacía público un comunicado en el que daba cuenta del auto del juez instructor por el que acordaba "no haber lugar al sobreseimiento libre y archivo de la causa, por existir suficientes indicios racionales para estimar que los hechos objeto del procedimiento, pudieran ser constitutivos de un delito de cohecho previsto y penado en el artículo 426, primer inciso, del Código Penal".
El resumen de prensa es lo primero que hojea un político en el desayuno, si no es que antes ha leído ya las noticias que le afectan a través de las alertas del móvil. Es difícil de creer que el presidente de la Generalitat no conozca las noticias que le atañen, publicadas por el diario más importante del país y más aún, que alegue que no le interesan cuando estas se refieren a un proceso judicial en el que está inmerso. Por eso, la displicencia con la que Francisco Camps salió ayer al paso de las revelaciones sobre las pruebas encontradas en el yate, lejos de transmitir despreocupación o desinterés, ponen de manifiesto todo lo contrario. Son una muestra evidente de la falta de control sobre una situación que se le ha escapado completamente de las manos. Algo que quedaba completamente explícito al conocerse el auto del TSJ.
Ciertamente Francisco Camps no está gestionando de una manera muy hábil todo este asunto, en el que lo más importante es su credibilidad. El auto de ayer del TSJ le acerca cada vez más al banquillo en un juicio con jurado. Desde el pasado mes de febrero, en el que estalló el caso Gürtel, toda la política valenciana gira en torno a esta trama de corrupción, en cuyas ramificaciones está supuestamente implicado también el tesorero nacional del PP, Luis Bárcenas. El escándalo, a pesar de los denodados intentos de maquillaje, tiene paralizado a un Gobierno valenciano incapaz de gestionar la peor crisis que atraviesa el país desde la transición. El éxito obtenido por el PP en las elecciones europeas ha sido un balón de oxígeno en la crisis política, que ha permitido a Camps sacar pecho por unos días, pero las actuaciones judiciales le han vuelto a poner frente a una difícil realidad.
Para no asumir sus responsabilidades políticas en el caso, Camps ha centrado toda su estrategia en la vía judicial. Se ha negado a dar explicaciones a los ciudadanos ante los medios de comunicación y tampoco las ha dado en sede parlamentaria. Ha llevado además a Mariano Rajoy a cerrar filas en torno a él, colocándole en una situación que, pese a los resultados electorales, no deja de ser comprometida para el propio Rajoy por la sensación de debilidad que transmite a la hora de gobernar su propio partido. Así las cosas, todo parece indicar que Camps está dispuesto a que por primera vez en la historia de la institución, un presidente de la Generalitat se siente en el banquillo de los acusados. Sin embargo, la situación ha llegado a un punto psicológicamente difícil de aguantar. No en vano el portavoz socialista, Ángel Luna, aseguró el sábado que Camps tiene problemas de conciencia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de julio de 2009