El pasado día 5 de julio, tras leer el artículo en el que se describe la crisis interna que en estos últimos días ha "sacudido" al CNI, provocando el cese de su director, el señor Alberto Saiz, por una serie de presuntas irregularidades cometidas durante su mandato, he podido comprender que los servicios secretos españoles necesitan una urgente renovación "desde la base" y que las actitudes de su ya ex director sólo son la punta del iceberg de los problemas que tiene dicho servicio.
Según el artículo, el propio Saiz ha conseguido que tres de sus sobrinos ingresen en el CNI, y el teniente general Andrés Casinello, ex jefe de información de la Guardia Civil, puede "presumir" de tener un hijo y dos nietas trabajando para La Casa (como llamaban al CNI sus miembros).
Es más, se afirma en el artículo, sin pudor alguno, que casi la mitad de la plantilla del CNI ha entrado con el aval de un familiar y que este "enchufismo" es algo que está profundamente arraigado en la organización. El Gobierno, al destituir a Saiz, ha dado un paso en la dirección correcta pero ahora toca lo más difícil: modernizar y profesionalizar el CNI en su totalidad, ya que conviene no olvidar que estamos hablando de los hombres y mujeres que a través de las labores de Inteligencia que realizan, velan por la seguridad de todos los españoles ayudando en materias tan sensibles como el terrorismo o el crimen organizado.
Es por ello por lo que el CNI se ha de dotar de un personal altamente cualificado, con la mejor formación y los mejores medios para poder desempeñar con eficacia el importante trabajo que tienen encomendado. Ni que decir tiene que este personal ha de ser reclutado de acuerdo a los principios de "igualdad, merito y capacidad", y no por el mero hecho de ser "hijo de...", "sobrino de..." o "nieto de...".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de julio de 2009