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CARTAS AL DIRECTOR

Márchese a su casa

Ayer soñé que era guardia de seguridad. Debía vigilar la entrada de una fábrica de automóviles. Habían despedido a unos cientos de trabajadores y la empresa temía algún que otro alboroto. Yo, simplemente, debía cuidar que nadie intentase entrar sin su correspondiente autorización. Con educación, debía pedirles que "se hicieran a un lado". Al fin y al cabo había trabajadores a los que sí se les permitía entrar y había que aparentar toda la normalidad posible. Algunos se enteraban en la misma puerta de la fábrica de que habían sido despedidos, de que ya no eran necesarios. Otros habían tenido más "suerte". Alguien les había llamado la noche anterior para darles la noticia. Algunos se quejaban amargamente mientras deambulaban ante las puertas de la fábrica, que poco a poco, todos se iban marchando, vencidos por el cansancio.

Luego desperté. Y pensé que el verdadero sueño sería que las empresas no encontrasen nunca a nadie que hiciese esas llamadas nocturnas ni a nadie que fuera capaz de ponerse frente a un trabajador para decirle "márchese a su casa". ¿Quién sabe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 2009