La convivencia no siempre es tormentosa. A veces, incluso, genera frutos con enjundia. Como el que ha nacido de un encuentro mágico alumbrado por el Festival Etnosur el pasado 19 de julio. Aquella noche se dieron cita en el mismo escenario de Alcalá La Real (Jaén), entre otros, elementos tan dispares como el piano de David Peña Dorantes, los cantaores Juan Peña, El Lebrijano, y Esperanza Fernández, el contrabajo de Renaud García Fons, el kaval de Theodosii Spassov, la guitarra de Pedro María Peña, el baile flamenco de Pastora Galván y la Orquesta Filarmónica de Andalucía.
Arrebatado por el potencial escénico de la reunión, el director de la filarmónica andaluza, Javier Yera, decidió lanzarse a producir el espectáculo que esta noche se estrena en el Teatro Coliseum de Madrid, bajo el título de ConVivencias, y que está programado hasta el próximo 30 de septiembre.
"En esencia repetimos el esquema del concierto de Etnosur, aunque hemos introducido algunos cambios en el plantel de artistas por la imposibilidad de compatibilizar sus compromisos", explica Yera. La voz de Alba Molina, heredera del embrujo de Lole Montoya y el gracejo inspirado de Manuel Molina, sustituye a Esperanza Fernández, mientras que para la formación jazzística se ha recurrido al infalible trío de Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino Di Geraldo.
Y allí estaban todos al mediodía de ayer, durante los ensayos de este espectáculo, dejando patente que la convivencia también es un barullo. La bailaora Pastora Galván (Sevilla, 1980) zapateaba sobre el hall de entrada al patio de butacas del teatro Coliseum al ritmo de un cuarteto de cuerda. Sobre el escenario sonaba el jazz por bulerías de Atardecer, interpretado por el Steinway & Sons de Dorantes, la flauta travesera de Jorge Pardo, el bajo de Carles Benavent y la batería de Tino di Geraldo, junto a la percusión y palmas de Los Mellis y Tete Peña. Y a pesar del rugido de aspiradoras puliendo la platea y el baile de técnicos probando luces y sonidos, esta amalgama de músicos lograba demostrar que del barullo también puede nacer la armonía.
Apenas dos días de ensayos antes del estreno. Objetivo: mantener la frescura. Alba Molina (Sevilla, 1978) llegó anteayer. "Reconozco que tengo un poco de miedo, pero contar con tan poco tiempo para prepararlo todo también añade un puntito goloso", explica Molina, que ha presentado este año su nuevo disco con Tucara (Warner), un proyecto gestado junto al ex O'Funk'Illo Andreas Lutz.
Para el cantaor Juan Peña, El Lebrijano, trabajar con grandes orquestas no es nada nuevo. Desde su álbum Encuentros (1983) con la orquesta andalusí de Tánger, no ha cesado en su empeño de agitar el flamenco con otros ingredientes musicales. "El flamenco está huérfano de espectáculos como éste; lo que sobran son flamenquitos. A ver si se entera la gente de que esto es innovar, pero con cabeza, sin perder una pizca de la esencia", argumenta el gitano rubio de Lebrija que presentó el año pasado una adaptación flamenca de textos de Gabriel García Márquez titulada Cuando Lebrijano canta se moja el agua.
El piano de su sobrino, David Peña Dorantes (Lebrija, 1969), es la columna vertebral de ConVivencias. Dorantes lo define como un show de flamenco sinfónico: "Esto es flamenco llevado a la orquesta, a otras estructuras, no de falseta sino concebido como una obra desarrollada donde también tiene cabida el jazz. Es la convivencia entre gente de diferentes culturas y etnias que son capaces de dialogar sin perder la identidad".Para el cantaor trabajar con grandes orquestas no es nada nuevo
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de septiembre de 2009