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La guerra afgana

Merkel quiere que en cinco años los afganos se ocupen de su seguridad

La canciller defiende la actuación del Ejército alemán en la zona de Kunduz

La canciller alemana, Angela Merkel, defendió ayer al Ejército de las críticas internacionales por el bombardeo que ordenó el viernes un oficial alemán en la provincia afgana de Kunduz y que causó casi un centenar de muertos, la mayoría civiles. En el último pleno de la Cámara baja del Parlamento (Bundestag) antes de las elecciones del 27 de septiembre, Merkel aseguró que no aceptará "juicios prematuros, provengan de Alemania o del extranjero".

Merkel consideró "una obligación obvia" que se investigue "sin fisuras" la matanza causada por el bombardeo de dos camiones cisterna robados por los talibanes en la noche del jueves al viernes. Tanto Merkel como la OTAN, que ha encauzado una investigación oficial de los hechos, reconocieron la posibilidad de que hubiera civiles entre los muertos. Vestida de traje gris oscuro, Merkel expresó ante el Parlamento sus condolencias a las víctimas, a sus familiares y "al pueblo afgano".

La democristiana Angela Merkel (CDU) parte como favorita para las elecciones generales. Hasta el viernes, la guerra de Afganistán era uno de los asuntos espinosos que trataban de evitar tanto ella como su rival, el ministro de Exteriores y candidato del Partido Socialdemócrata (SPD), Frank-Walter Steinmeier. Todos los partidos salvo La Izquierda defienden la misión afgana, mientras que dos terceras partes de los alemanes la rechazan. Ayer, Merkel puso los próximos cinco años como plazo para que los afganos logren "avances sustanciales y cualitativos" que "paso a paso" permitan un repliegue "cada vez mayor" de las tropas occidentales.

En esta línea, Merkel aseguró que las recientes elecciones presidenciales afganas "inauguran una nueva cualidad en las relaciones entre la comunidad internacional y el Gobierno de Afganistán". Ésta implica que el Gobierno afgano asuma más responsabilidades en la seguridad del país y en la lucha contra "la corrupción, la criminalidad y el tráfico de drogas". Merkel dejó estos planes para la conferencia sobre Afganistán convocada por Alemania, Francia y Reino Unido para antes de final de año.

Los dos grandes partidos alemanes, SPD y CDU, no quieren hablar de guerra. Sin embargo, las tropas alemanas en el país centroasiático se ven cada vez más involucrados en los combates. La región norteña en torno a Kunduz pasaba hace años por pacífica, pero la situación es hoy mucho peor. La noticia de la muerte de civiles agrava todavía más la imagen pública de la misión. Merkel y Steinmeier escenificaron ayer ante el Parlamento la unidad del Gobierno respecto a Afganistán.

Oskar Lafontaine, líder de La Izquierda, dio el contrapunto del debate y solicitó la retirada de las tropas. El revuelo y la confusión mediática sobre el bombardeo podrían estar llevando agua al molino de La Izquierda.

En la ponencia de 16 minutos con la que abrió debate parlamentario, Merkel no se refirió al ministro de Defensa Franz Josef Jung. Durante todo el fin de semana, el también democristiano Jung se había negado a admitir la posibilidad de bajas civiles en el bombardeo. Las críticas internacionales y su política informativa han puesto a Jung en el foco del debate. Los Verdes pedían ayer su dimisión. En su comparecencia, el ministro volvió a defender el bombardeo contra los camiones de gasolina robados, que según él suponían una amenaza para los soldados.

En conjunto, Merkel defendió ayer la presencia de 4.200 soldados alemanes en Afganistán. Dijo, "es una reacción contra el terrorismo". Aludió Merkel a los atentados de Nueva York, Madrid y Londres en los últimos ocho años y aseguró que Alemania también está "en el punto de mira" de los terroristas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de septiembre de 2009