Muammar Gaddafi ha hundido un poco más a Gordon Brown. El primer ministro británico, al que las encuestas auguran la derrota en las elecciones previstas para mayo de 2010, ha topado con la alargada sombra del líder libio y ha visto frustrados sus intentos de recuperar la iniciativa política al regreso de las vacaciones.
La decisión del Gobierno autónomo de Escocia de liberar al libio Abdelbaset Alí Mohamed al Megrahi, condenado hace ocho años por la bomba que en 1988 derribó sobre Lockerbie un avión de Pan Am con 270 pasajeros a bordo, le ha acabado estallando en la cara al primer ministro. Y lo que en condiciones normales hubiera sido una tormenta intensa pero breve, en el escenario de cambio de régimen que vive Reino Unido se ha convertido desde hace tres semanas en un goteo constante que debilita a Brown.
Oficialmente, la liberación fue decidida por Edimburgo debido a razones humanitarias, porque Megrahi sufre un cáncer muy avanzado. El problema es que fue recibido en Libia como un héroe, exacerbando las críticas por su liberación tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, de donde eran no sólo el avión derribado sino la mayoría de las víctimas del atentado terrorista.
Brown, como tantas veces en tiempos de crisis, optó por callar a la espera de que el tema desapareciera de los medios. Y ha acabo hablando tarde y mal. La sospecha de que la liberación de Megrahi fue consecuencia de presiones de Londres a Edimburgo para defender intereses políticos y comerciales del Reino Unido ha ido creciendo día a día, en medio de declaraciones a menudo contradictorias desde diversos niveles en el Gobierno.
La crisis ha tomado un nuevo sesgo el pasado fin de semana entre mensajes confusos sobre el apoyo o no del Gobierno a una vieja iniciativa privada para conseguir que Libia, que en el pasado indemnizó a víctimas del terrorismo en EE UU, haga lo propio con víctimas del IRA que murieron por los explosivos que la ahora inoperante banda terrorista de Irlanda del Norte consiguió en su momento a través de Libia.
El Foreign Office nunca ha querido apoyar esa reclamación para no perjudicar el acercamiento diplomático al régimen de Gaddafi desplegado ya en tiempos de Tony Blair y que ha conseguido rescatar a Libia de la lista negra de países que colaboran con el terrorismo. Brown se pronunció en el mismo sentido en julio en un encuentro con Gaddafi, pero el domingo pasado declaró su apoyo a esa reclamación. Entre amenazas de Said Gaddafi -hijo y quizás heredero del líder libio- de llevar el asunto a los tribunales, Brown parece haber dado otra vez marcha atrás cuando el Gobierno aclaró que el Foreign Office apoyará a los abogados de las víctimas del IRA pero no entablará conversaciones directas con Trípoli.
El conflicto por la liberación de Megrahi no ha sido el único tropiezo de Brown a la vuelta de vacaciones. La guerra de Afganistán, cada vez más impopular por el creciente número de muertos británicos y las polémicas alimentadas desde el propio Ejército sobre las carencias de material debido a las restricciones presupuestarias, ha aumentado de tono después de que un soldado chafara el reciente viaje de relaciones públicas de Brown a la zona al preguntarle en público por qué los soldados que van a la guerra han de pagar impuestos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de septiembre de 2009