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Crítica:JAZZ

Para todos los públicos

Diana Krall ha alcanzado ya ese estatus de artista en el que puede hacer lo que le dé la gana pasando sin solución de continuidad de grandes orquestas a pequeños grupos. Hace un par de años se descolgó con un disco de composiciones originales y ahora acaba de editar su personal visión de la samba y la bossa nova. Lo que no cambia son sus actuaciones en directo, para ellas no pasa el tiempo y la evolución musical de la cantante canadiense apenas se nota.

Así sucedió el pasado jueves en Barcelona. Diana Krall presentaba su ultimo disco, ese en que se acerca a las esencias brasileñas, pero lo visto y oído muy bien podría haber sucedido hace una década. Nada nuevo ni sorprendente. Cierto que alguna bossa nova matizó su abanico de estándares, pero casi sin llamar mucho la atención. El único cambio destacable fue la soltura de la cantante ante el micrófono entre tema y tema. La imagen de una Krall siempre huraña, con la cabeza gacha y los ojos ocultos tras su melena rubia, casi ha desaparecido. Ahora la cantante habla con desenvoltura de los temas que cantará y hasta se permite el lujo de bromear sobre sus dos hijos, que la acompañan en esta gira.

DIANA KRALL

Auditorio del Fórum. Barcelona, 8 de octubre.

Un cambio, sí, pero que no afecta a la música. La propuesta escénica de Diana Krall sigue siendo la misma: un puñado de estándares de esos de toda la vida (y ahí caben sin problemas Jobim y De Morães) tratados de forma sumamente elegante, sin aristas puntiagudas o fragmentos indigestos. Todo perfectamente controlado y fácilmente asumible por cualquier público. Jazz para todos los públicos, realizado, eso sí, con un gusto exquisito y derrochando una capacidad para enamorar que pocas cantantes poseen en la actualidad.

En el auditorio del Fórum, el simple cuarteto de la canadiense (sus fieles compañeros desde hace años: Anthony Wilson, Ben Wolfe y Karriem Riggins) llenó totalmente el enorme escenario. Sólo falló el tono excesivamente metálico con el que se amplificó la voz de la cantante, cosa que no afectó a la entrega del público, ya maduro, que prácticamente llenaba un local que, en la mayoría de los casos, descubría con sorpresa entre interjecciones admirativas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009