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Reportaje:

El terror, mejor barato

Películas de bajo presupuesto triunfan en Sitges

El festival de Sitges está llegando a su fin y, balances económicos aparte (al parecer el certamen disfruta de salud de hierro), si algo ha quedado demostrado es que el terror es -con diferencia- el género más beneficiado con la crisis. Podría parecer un contrasentido, pero el miedo de los grandes estudios a poner todos los huevos en el mismo cesto ha creado un nuevo mercado, copado casi exclusivamente por el género, donde con una inversión mínima y una estrategia de mercado que pasa por atraer al público más fiel se logran resultados inmediatos.

"Se hacen más películas de género porque gustan a la gente joven, porque cuestan poco y porque puedes prescindir de las estrellas, pero también existe una aversión al riesgo que hace que la mayoría de esos productos acaben resultando convencionales". Lo dicen dos realizadores, los hermanos Álex y David Pastor, con información de primera mano. Acaban de llegar, procedentes de su aventura americana, para presentar Infectados (su opera prima) en Sitges.

La película ha costado nueve millones de dólares (unos seis millones de euros) y ya ha recuperado su inversión a través de las ventas internacionales. Infectados es sólo un ejemplo, pero hay más: The collector, una película con asesino en serie que recuerda a Seven o Saw, costó poco menos de dos millones de euros y ha recaudado cinco millones en Estados Unidos; o el filme francés La horde, que, con una inversión de 1,5 millones de euros, causó sensación en Venecia.

Sin embargo, los ejemplos más extremos son también los más clarificadores. Paranormal activity, del estadounidense Oren Peli, costó unos ridículos 11.000 euros y este mismo fin de semana podría llegar al millón cuando sus promotores amplíen el número de pantallas después de ver los llenazos en las salas donde se proyecta. Y como guinda del pastel, Colin, una película británica que se ha promocionado como "el filme de zombis de 45 libras" (unos 50 euros) y que viene firmada por el debutante Marc Price.

"En cuanto compré unas galletas y un poco de té, ya me pasé de presupuesto", declaraba en la revista Empire. Reclutó al equipo y a los actores de la película, la historia de un zombi perdido en un Londres apocalíptico, a través de redes sociales como Facebook y MySpace, y tardó unos 18 meses en realizarla intentando compaginar los ratos libres de cada uno. La crítica inglesa la saludó como "una joya del cine independiente". Obviamente, la inversión se ha recuperado unas 1.000 veces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009