España saldrá de la recesión más tarde que otras grandes economías y el crecimiento será entonces muy lento. Frente a ese horizonte tenebroso, oscurecido aún más por las recientes previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) arroja algo de luz. Según sus indicadores adelantados, que publicó ayer, la economía española volverá a registrar tasas anuales de crecimiento entre el segundo y el tercer trimestre de 2010.
Las nuevas estimaciones de la OCDE refuerzan las cuentas del Gobierno español, que ha tachado de pesimista el vaticinio del FMI. Van incluso más allá: el Ministerio de Economía había fechado en la primera mitad de 2010 la salida de la recesión, que será efectiva cuando el PIB vuelva a crecer de un trimestre a otro. Pero se había mostrado más cauto con el arranque de la recuperación, al que la estadística sólo da carta de naturaleza cuando el PIB aumenta respecto al mismo periodo del año anterior.
Con los indicadores adelantados, la OCDE sintetiza las estadísticas que, en cada país, son más fiables para anticipar un cambio en el ciclo económico. El objetivo es ser capaz de detectar una inflexión en la variación anual del PIB con entre seis y nueve meses de adelanto. Desde principios de año, el indicador mejoraba en todas las economías occidentales, dando a entender que la recesión remitía. Pero, con los datos de agosto, alcanza ya un nivel (más de 100 puntos), que anunciaría el inicio de la recuperación.
El instrumento estadístico de la OCDE coloca a Francia e Italia entre los países industrializados que dan señales más nítidas de una pronta vuelta a tasas interanuales de crecimiento positivas. El indicador de Alemania, tras una mejora vertiginosa en los últimos meses, apunta ya en la misma dirección. Y en paralelo a la mejora de expectativas de sus tres mayores socios comerciales, la economía española, con un indicador de 102 puntos, se sumaría al club.
El optimismo de la OCDE pierde fuerza cuando el escrutinio es sobre la evolución de Estados Unidos y Japón. Para las dos principales potencias industrializadas, la recuperación quedaría algo más lejos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009