No es lo mismo predicar que dar trigo. Ni felicitar a Esperanza Aguirre que imitar su gesto. Mientras Feijóo y Louzán aplauden la expulsión de los tres diputados de la Asamblea de Madrid salpicados por el caso Gürtel, los presidentes del PP de Galicia y Pontevedra miran para otro lado en sus respectivos feudos. Especialmente en el de Louzán, en cuya área de influencia sólo se pasa a la acción por exigencia del pacto contra el transfuguismo, y siempre a regañadientes.
Con la justicia es diferente. Ahí la presunción de inocencia alcanza incluso hasta el momento en que la sentencia sea firme. El paradigma de esta situación se llama Carlos Silva. Es teniente de alcalde de Gondomar y está condenado a 18 meses de prisión y a ocho años de inhabilitación para el cargo público. El juzgado de lo penal número 2 de Vigo lo consideró culpable de un delito continuado contra la ordenación del territorio, pero como la sentencia ha sido recurrida, el PP no se da por enterado. Y eso que Silva no estuvo solo: con él cayeron otros cinco concejales de su gobierno, y dos más están procesados por el presunto cobro de comisiones ilegales. Lejos de enfriarse, las relaciones de Carlos Silva con Louzán parecen boyantes, habida cuenta de la reciente concesión de la dedicación exclusiva en la Diputación de Pontevedra. Unos 60.000 euros anuales. Silva no votó ni firmó la moción de censura que aupó al PP a la alcaldía de Gondomar con el apoyo de tránsfugas socialistas. Su voto no era decisivo. Esquivó así la expulsión, aunque se haya convertido en el número dos del actual gobierno local.
Louzán y Feijóo tampoco siguieron el ejemplo de Aguirre con el alcalde de Tui, Antonio Feliciano Fernández Rocha, al que se le imputan cinco juicios por presunto trato de favor a su propia inmobiliaria. Será juzgado por prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, contra la ordenación del territorio y sobre el patrimonio histórico. Pero sigue en el cargo, entre apelaciones de Feijóo y Louzán a la sacrosanta presunción de inocencia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009