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COLUMNA

Corte Penal de medio ambiente

Tuve grandes sensaciones al compartir una intensa reunión de trabajo con diversos especialistas en medio ambiente. La reunión de la Academia Internacional de Ciencias Medioambientales celebrada días pasados en el Palacio Ducal de Venecia, constituyó el primer paso para la reclamación del Tribunal Penal Internacional de Medioambiente. El premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, lo describía de manera muy gráfica: "¿Cómo se pueden comprar los recursos de la madre naturaleza? ¿cómo se puede comprar el viento, las estrellas, los mares, el vuelo de un pájaro, si, en definitiva, todo ello pertenece a todas las generaciones desde los tiempos más remotos, desde la creación del mundo?". Se trata, en primer término, de evitar que el poder económico destroce el planeta y atente contra la salud del hombre; y, a continuación, lograr que no pueda escapar el culpable sin que pueda ser juzgado y castigado por aquellos actos de auténtico delito contra la humanidad.

La actuación de un tribunal internacional se hace más necesaria que nunca para sobrevivir

La propuesta de Tribunal Penal Internacional busca poder castigar a quienes violan y saquean la naturaleza; es decir, va dirigido hacia aquellos que con su maldad y con la complicidad de ciertas instituciones permiten que prevalezca el lucro económico sobre todos los demás aspectos. Fundamentalmente se trata de evitar que ciertos actos contra el planeta y contra el hombre no queden impunes, y quienes los realicen, no sólo estén obligados a indemnizar, sino que también puedan ser castigados por delitos de lesa humanidad.

¿Quién esta detrás de esta iniciativa? La idea fue lanzada inicialmente por los premios Nobel de la paz Adolfo Pérez Esquivel y la iraní Shririn Ebani, a los que se le unieron posteriormente otro laureado, el griego Christos Zerefos, y numerosos científicos.

¿Cómo y para qué actuar? Desde el foro de la Academia Internacional del Medio Ambiente se propaga la idea de que existen numerosos actos y desastres que están, prácticamente, pre-anunciados y que, en algunos casos, se reiteran con distintas intensidades y consecuencias. Así, los ejemplos de Bhopal, Chernóbil, Seveso o Prestige exigen que sea preciso salvaguardar el patrimonio cultural de la humanidad, el medio ambiente y la salud del hombre. Son precisas, pues, iniciativas de movilización y organización; como también son necesarias plataformas institucionales como una Corte Penal Internacional que lleguen a definir lo que es un crimen para poder actuar y sentenciar.

¿Quién la apoya? Numerosos científicos y académicos estimulan con sus aportaciones, diagnósticos y soluciones que los políticos e instituciones deben instrumentalizar para dar cuerpo legal a la necesidad de una mayor regulación internacional.

¿Cómo empezar? De entrada, ganando tiempo para evitar otros males en el futuro. De ahí que sea necesario y urgente definir la noción de desastre y en qué circunstancias puede ser tipificado como crimen contra la humanidad. Para seguir estableciendo una clasificación de los tipos de desastre contra el medio ambiente, el hombre y el mundo animal, continuar analizando los criterios para el establecimiento de daños permanentes y no permanentes, directos y asociados, así como definir el concepto de responsabilidad y los procedimientos administrativos para poder sentenciar.

En suma, es preciso el reclamo permanente para buscar el equilibrio entre el ser humano y las condiciones del desarrollo económico. Las recientes aportaciones del equipo de Rockström, de la Universidad de Estocolmo, advierten de que se han estimado "nueve límites planetarios" que la humanidad debe respetar para no inestabilizar los sistemas terrestres esenciales. A juicio de los mencionados científicos, tres de dichos límites ya han sido trasgredidos: calentamiento global, extinción de especies y ciclo del nitrógeno. Otros cuatro se encuentran cerca de los umbrales mínimos: el uso del agua dulce, la conversión de los bosques en cultivos, la acidificación de los océanos y el ciclo del fósforo. Quedan dos que van camino de la situación crítica: la contaminación química y la carga de aerosoles en la atmósfera.

Este cuadro pone de manifiesto que violar dichos límites podría incrementar el riesgo de cambios irreversibles y ya se empiezan a ver nítidas evidencias de que algunos subsistemas terrestres han empezado a salirse de su estado deseable.

Por ello, la actuación de un Tribunal Penal se antoja más necesaria que nunca para poder sobrevivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009