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Confusión e indignación entre los viajeros

La indignación de miles de viajeros se coló ayer en las estaciones de tren y paradas de autobús y tranvía de toda Euskadi. Estudiantes, madres de familia, ancianos y turistas se toparon con las taquillas precintadas con comunicados del comité de empresa y las canceladoras desactivadas. Los escritos que empapelaban las paredes y el mobiliario de las instalaciones de Euskotren confiaban en que los viajeros "comprendieran la medida, dada la gravedad del suceso". Aunque los usuarios sí se hacían cargo del impacto del accidente del jueves, no compartían la decisión de paralizar por completo el servicio.

La confusión era total en algunas estaciones. En la bilbaína de Atxuri, Araceli García, una mujer de 62 años, se resistía a creer que no iba a haber ningún tren en todo el día. "¿Pero más tarde tampoco?, repetía incrédula. Tenía que ir a visitar a unos familiares a Aia y no sabía cómo llegar. Al final tuvo que barajar la posibilidad de acudir a Termibus, pero el billete es "mucho más caro" y no tenía claro si paraba en Aia o iba directo a San Sebastián. "No me gustaría quedarme sin ir", lamentaba.

"Es como si quisieran castigar a la empresa y, de paso, a nosotros"

Estudiantes donostiarras de Relaciones Laborales con ganas de volver a sus casas para el fin de semana tuvieron también que dar media vuelta y buscar alternativas. "Sentimos lo que ha pasado, pero no me parece de recibo que lo tengamos que pagar nosotros. Podían haber avisado o haber puesto al menos unos servicios mínimos, como se suele hacer, ¿no?", se preguntaba Ana Gorostiza. No muy lejos de allí, uno de los empleados de Euskotren ponía voz a lo que se comentaba en los corrillos que se formaron entre los trabajadores en la estación de Atxuri poco antes de iniciar la concentración convocada a las doce del mediodía por el compañero fallecido. "Puede que parezca drástico, pero más drástico es que una familia se ha quedado sin un padre y sin un marido, ¿no crees?", interpeló.

Pese a que tampoco estaban operativas, en casi todas las estaciones de tranvía había, en mayor o menor medida, alguien esperando. El comunicado del comité de empresa mencionaba las concentraciones convocadas de doce a una y hubo quien creyó que fuera de esas horas el servicio sí se prestaba.

Unas diez personas, entre ellas una familia extranjera ansiosa por conocer el Guggenheim, se quedaron esperando más de 15 minutos en la estación de la Ribera hasta que se deshizo el equívoco. También los había bastante más pesimistas. "¿Y si el metro tampoco funciona?", se interrogaba Sandra, a la que le urgía llegar al hospital de Basurto cuanto antes para ver a un familiar. El trasvase de viajeros del tranvía a Bilbobus y al metro quedaba patente sólo con echar un vistazo a las atestadas paradas.

"No puedo entender que se tome una medida tan tajante que afecta a muchísimas personas. Es como si quisieran castigar a la empresa y, de paso, a nosotros", bramaba Carlos, un profesor treintañero que se estaba volviendo loco para encontrar un autobús para ir a Getxo desde la capital vizcaína. "No ha salido ninguno ni de Henao ni de Termibus y, como no contaba con ello, estoy llegando muy tarde al médico. No hay derecho a esto", se dolía.

[La Asociación de Informadores Gráficos del País Vasco denunció ayer las "agresiones directas y gratuitas" a las que fueron sometidos dos fotógrafos por parte de agentes de la Ertzaintza, mientras cubrían el desacarrilamiento del tren en Lezama].

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009