"Conocer a los actores que ves en la pantalla provoca una sensación curiosa. Me acuerdo del día en que Pilar López de Ayala me dijo que le gustó mucho mi actuación. Un bellezón así, y además pedazo de actriz, se te acerca y te dice eso... No, no le pedí el móvil". Pablo Pineda vive su exitosa inmersión en el mundo del cine casi como una vida prestada, "una locura, emoción tras emoción", según sus palabras. Tiene asumido que todo lo que sube tiene que bajar. Que el momento de gloria y glamour que le proporcionan la Concha de Oro terminará pasando y volverá a su plácida vida de siempre en casa de sus padres en Málaga, presentándose a las oposiciones para ser funcionario del Ayuntamiento en el área de Bienestar Social. "Sic transit gloria mundi" [así pasa la gloria del mundo], resume en latín este joven de 35 años, protagonista de Yo también. "Esto es puntual. Y aunque marca un antes y un después en mi vida, soy muy rutinario, no creo que me costará volver a mis costumbres. Tengo una familia que me recuerda constantemente que tengo que bajar a la realidad", explicó ayer a este periódico durante su visita a San Sebastián.
"La gente, y los políticos en concreto, quieren fotos conmigo"
La película trata sobre desde una óptica inhabitual en el cine la relación entre un joven con síndrome de Down enamorado de su promiscua compañera de oficina. "Es una película pequeña que se ha hecho grande", afirma su director, Álvaro Pastor. "Existe una vía en el arte para la integración de este colectivo. Creemos que el tema es comercial, que puede atraer a gente a las salas de cine y puede salir transformada", añade.
"Pablo abandera la normalización y la integración [de las personas con síndrome de Down]", recalca por su parte Koldo Zuazua, productor del filme. "El festival de Cine nos ha permitido crecer y tener presencia mediática a la altura de las grandes producciones nacionales. Es para sentirse orgullosos", destaca.
La soltura de Pineda ante los micrófonos y las cámaras le viene, según explica, tras muchos años de entrevistas -ninguna persona con el cromosoma 21 alterado había conseguido llegar tan lejos en Europa: es diplomado en magisterio y le faltan cuatro asignaturas para licenciarse en Psicopedagogía-. "Mi origen andaluz me da un carácter alegre y espontáneo que viene bien para esto", recalca.
La primera vez que vino al País Vasco se paseó por la misma alfombra roja que Quentin Tarantino, Brad Pitt y Robert Duvall en San Sebastián. Reconoce que el mundo del espectáculo tiene algo de impostura, pero no quiere darle demasiada importancia. "Es verdad que la gente de repente quiere hacerse fotos contigo, los políticos en concreto, pero no hay que cerrarse tampoco". En principio, no quiere hacer más incursiones en el mundo del cine. "Tendría que pensármelo mucho. Prefiero que esto sea un paréntesis precioso a que termine como algo que decae".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009