La concesión del Nobel de la Paz a Barack Obama por sus esfuerzos a favor de la diplomacia multilateral y el desarme nuclear eleva aún más las expectativas sobre su presidencia y su responsabilidad personal en la transformación del mundo que conocemos. Obama aceptó ayer esa pesadísima carga al declarar que entendía la concesión del prestigioso premio como "una llamada a la acción", un estímulo para hacer frente a conflictos que desangran a la humanidad desde hace décadas y a las nuevas amenazas. Nunca antes, la concesión del Nobel había sido la expresión de una esperanza. La misma que aupó a Obama a la presidencia de EE UU en noviembre pasado y la misma que lo ha convertido en el mayor símbolo del cambio hacia un futuro mejor.
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009