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Reportaje:

Notas en peligro de extinción

Colectivos musicales celebran el Día del Orgullo Gaiteiro en defensa del folclore

El primer gaiteiro de la historia de Galicia del que existe constancia documental era orensano. Se llamaba Gómes Mouro y su virtuosismo con la gaita alcanzó tal calibre que el 7 de diciembre de 1458 el Ayuntamiento de Ourense le puso mando en plaza con un contrato vitalicio, para que musicara los actos destacados de la ciudad. Durante siglos olvidado, hasta que la investigación de Ferro Couselo lo rescató de los legajos de la ciudad, sobre su memoria nació en 1993 la asociación de folclore tradicional que lleva su nombre y, con ella, la bandera de la música histórica de Galicia amenazada por un estilismo, un instrumento y una puesta en escena "de importación".

Lo dice Castro Vicente, representante de la asociación Gómes Mouro, en la víspera del día grande del Orgullo Gaiteiro que congregará hoy en el Ourense musical a gaiteiros y pandereteiras para reivindicar un oficio en peligro de extinción. Vicente no tiene dudas. "Resulta perverso que teniendo en Ourense el primer gaiteiro institucional, se haya institucionalizado recientemente la gaita de tal forma que aparece como hongos hasta perder su valor", a través de la multitud de escuelas que ha sembrado en la provincia la Real Banda de la Diputación.

Los promotores luchan contra el estilismo "de importación"

"Prolifera la puesta en escena de una gaita marcial y a la escocesa"

No es sólo que las escuelas hayan optado por un concepto de gaita "competitiva, marcial y alejada de la sencillez". Hay más. "Acabaron con el concepto de autodisfrute de la música", sostiene Vicente, que ve en la disciplina de la Real Banda el aprendizaje de un arte "encaminado a los concursos".

Los promotores del Día del Orgullo Gaiteiro apuestan por el placer de la música en su esencia: "Desprovista de artilugios, llena de sentimiento y no esa superestructura" de las escuelas. "Mejor menos e invertir en investigación y promoción musical que en subvenciones". "Mejor el autodisfrute que ir a tocar a Fraga o al Papa", explica el representante de la asociación Gómes Mouro.

Por eso el Orgullo Gaiteiro. Y por eso enseñar al mundo la tradición ahora ensombrecida por la proliferación de la puesta en escena de una gaita "marcial e inspirada en la escocesa, como el traje y la compostura" de las escuelas de gaitas que se diseminan por toda la provincia. "Está bien la idea de una Real Banda, pero es excesiva su implantación", opinan del Orgullo Gaiteiro, el colectivo Gómes Mouro y la Asociación Ourensana de Folclore rinden homenaje a otro virtuoso de la gaita -músico y artesano-, desprovisto de parafernalia: Faustino Luis Seoane, nacido en A Gudiña hace 85 años y con 73 de oficio, aunque sólo recabó notoriedad cuando un investigador norteamericano lo repescó. Seoane, que empezó a tocar con 12 años, grabó sus composiciones cuando fue descubierto para los musicólogos en 1956 por el estadounidense Alan Lomas, especialista mundial en músicas tradicionales.

Junto al virtuoso de A Gudiña, la organización del evento ha premiado la labor de dos investigadores: el filólogo gallego Antón Santamarina y la musicóloga suiza Dorothé Schubarth, que en los años ochenta recopilaron por los pueblos de Galicia -con incursiones en las zonas de habla gallega de El Bierzo, Zamora y Asturias- antiguas canciones que incluyeron en un cancionero publicado a comienzos de los noventa.

Schubarth vino a Galicia por unos meses atraída por la riqueza investigadora de la música tradicional y se quedó embelesada casi 12 años. Castro Vicente alerta del "menor interés" que despierta ahora la música tradicional que el colectivo Gómes Mouro se ha empeñado en rescatar. Y Santamarina lo confirma: "Se siguen cantando las canciones antiguas, pero ya no se da el entorno -las mallas, fiadeiros o siegas- en el que tenían lugar los cánticos".

Si no se exaltara el Orgullo Gaiteiro, que va por la sexta edición, la música tradicional sería invisible, sostienen los representantes de estos colectivos. "Ya no hay talleres, porque la política de subvenciones acabó con ellos en Ourense; tampoco hay profesores de gaita tradicional, porque fueron arrasados por las escuelas de la Diputación", lamenta Vicente, aunque reconoce que quedan aún "un espacio y unos aficionados".

Para ellos hoy es el gran día. Tras las conferencias de ayer a cargo de los investigadores, Faustino Luis Seoane, sin mando en plaza en institución pública alguna, ofrecerá una exhibición acompañado del grupo de pandereteiras Os Muiños de Oliveira. Después, los amantes orgullosos del folclore tradicional gallego se irán a cenar, y a cantar, al local de Aixiña. "Hay que darle publicidad a estas actividades", reclama Vicente, convencido como está de que la desinformación mata el entusiasmo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 2009