Cymbals Eat Guitars siguen las enseñanzas de los californianos Pavement -pop que intentaba parecer vanguardia- tan al pie de la letra que podrían pasar por sus coetáneos, a pesar de que aquéllos surgieron a finales de los ochenta. Pero estos cuatro pipiolos de Nueva York que el jueves tocaron en el Nasti en la segunda jornada del San Miguel Primavera Club apenas tienen 20 años. Podrían, literalmente, ser sus hijos. Buenos instrumentistas y con algún potencial éxito, para disfrutarlos es básico gozar de los originales. Algo parecido pasa con A Place to Bury Strangers, sólo que sus fuentes son otras: My Bloody Valentine, Jesus & Mary Chain o The Cure. Escondidos bajo una espesa nube de humo atronaron la Caracol con letanías hipnóticas propulsadas por un bajo machacón, una guitarra asesina y un batería que disparaba a ráfagas. Pero, a pesar de lo hostil que pueda parecer, funcionó en la abarrotada sala. Porque ésa es otra, el jueves se vieron las primeras colas, algo que no presagia nada bueno ante el fin de semana.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 2009