El infierno de la judicatura existe y el partido judicial de Balaguer, como tantos otros, es un ejemplo. El edificio no se pinta desde hace 20 años, los muebles son preconstitucionales y los expedientes se acumulan por todas las oficinas y hasta en el único lavabo. Una semana sí y otra no, entra de guardia alguna de las dos jueces recién ingresadas en la carrera y esa situación dura siete días. A cambio cobran 138 euros brutos, 100 menos que cualquiera de sus funcionarios. A finales de año habrá un tercer juzgado y en 2012 se prevé que estará acabado el nuevo edificio judicial.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010