Varios pueblos de Castilla y León sin ninguna conexión con la industria nuclear se han ofertado como sedes para el Almacén de Residuos Nucleares, lo que ha causado cierta extrañeza.
Creo que no debe ser así, puesto que este ofrecimiento viene motivado por el paulatino e inexorable despoblamiento de esta tierra. Por si no lo saben, estamos en una de las regiones más extensas de Europa, y, sin embargo, en una de las más vacías: tenemos una densidad de población similar a la de Laponia, y, en la provincia de Soria, incluso menor -si se doblara la población soriana actual seguiría por debajo de 25 habitantes/km2, el límite de lo que la ONU considera un desierto-.
A esto se ha llegado a pesar de las promesas de socialistas y populares, que han sido incapaces de elaborar una política adecuada para atajar este problema. Se han desmantelado infraestructuras por poco rentables (cerca de Torrubia y de los dos pueblos de Valladolid pasaban líneas férreas actualmente fuera de servicio), pero no se han dado alternativas. La situación agrícola y ganadera no parece que esté en condiciones de ayudar.
Así que esto es como agarrarse a un clavo ardiendo para no desaparecer y para luchar contra la tristeza infinita que hoy provoca el caminar por estos pueblos, no hace tanto llenos de vida.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010