A principios de siglo, cuando las crisis eran otras pero las pagaban los mismos, el Noi del Sucre reunió a la parroquia en un mitin y les dijo: "Au, cap a casa, ya tenemos las ocho horas". Fue el final de una huelga épica y fue en la plaza de las Arenes, que enseguida volvió a su cometido de oscura crueldad taurina. Aunque sólo fuera por la imagen del sindicalista -pronto asesinado en una esquina turbia-, valía la pena conservar la estructura neomudéjar. Se ha hecho mucha ingeniería para que la fachada vuele y abra espacio a sus pies. Ahora se han retomado las obras y parece que el gran centro de ocio estará funcionando de aquí a un año.
Lo que cayó del proyecto fue un pirulín adyacente que tenía que proporcionar vistas y marcar un hito. A los arquitectos, estas cosas superfluas les gustan porque son un signo de poder. Recuerdo que cuando el Fórum, Richard Rogers vino a Barcelona a contar su proyecto y habló mucho del espacio público que se crearía, pecisamente, en esa plaza abierta bajo el nivel de la fachada. Rogers es un hombre educado y taciturno, y sabe bien qué discurso vender en cada momento. Lo del espacio público es una falacia y lo que está construyendo es un típico no-lugar, un sitio que no pertenece a ninguna tradición ni a ningún futuro. Irán autóctonos y turistas, aparcarán en una de las 1.200 plazas previstas y jugarán a juegos postadolescentes, comer, trotar, comprar, visionar. Eso no es ciudad: eso es América.
Todo lo que incluye las Arenes, por más high-tech que sea, es tremendamente antiguo. Es antigua la firma notoria, la confusión entre ocio y consumo, las oficinas que tapan la mariposa modernista de la calle de Llançà, todo. Lo mejor es que el alcalde Hereu haya definido la cosa como "comercio de proximidad", cuando es exactamente lo contrario. Parece que el alcalde se saltó una lección conceptual o dos. ¿Se imaginan a una señora yendo a comprar el parche autoadhesivo para el pantalón del niño a las Arenes? ¡Comercio de proximidad! Me temo que al alcalde le gusta este modelo porque es tan y tan antiguo que condice con los Juegos Olímpicos de 2022.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2010