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Reportaje:BANDA SONORA

Música de peluquería

Los salones eligen la música para controlar el estado de ánimo de la clientela

Es una operación que requiere mucha psicología. Consiste en controlar a unos clientes exigentes, algunos con prisas, otros demasiado relajados, los más con el pelo embadurnado de tinte. La situación transcurre en un salón de una peluquería moderna, Juan, por Dios!, del centro de Madrid. Ahí entra en acción la responsable del establecimiento, Natalia Sánchez, argentina de 30 años con los nueve últimos viviendo en la capital: "Por medio de la música manejo el estado de ánimo del salón. Si los clientes llegan con retraso a la cita y deben esperar, se crea un clima de impaciencia que hay que apaciguar con música relajante y tranquila. Como por ejemplo algo de chill out del Café del Mar [los discos que edita el popular local ibicenco] o las canciones más etéreas de Kylie Minogue". Hasta aquí la versión relax. Si en el ambiente no se respira estrés y todo transcurre en sintonía positiva, hay que apostar por algo más atrevido. "Es cuando subo el volumen y pongo música más cañera, como los recopilatorios de la discoteca Pachá o al DJ Villalobos", relata Natalia. Eso sí: no cometer el error de elevar el volumen hasta impedir la comunicación. "No debe haber interferencias entre el diálogo peluquero-cliente", recomienda. Éste es un ejemplo de cómo se domina con música un salón de peluquería. En general, los establecimientos modernos (ubicados la mayoría en el distrito Centro) apuestan por la electrónica; las peluquerías tradicionales prefieren canciones menos sofisticadas o directamente la radio o la televisión.

"Cuando doy mechas es mejor la música tranquila", dice Luciano Cañete

"Si vienen señoras ponemos a Los Pecos y se emocionan", afirma María López

Entre las más refinadas está La Pelu, cerca del barrio de Chueca. Cinco peluqueros jóvenes con peinados radicales te reciben en una ambiente de garito vanguardista. Carlos Leal, de 35 años, es uno de ellos: "Debe ser alegre, dinámica... ¿Ejemplos? Café del Mar, Fangoria, Beyoncé...". La música es vital en La Pelu. Una vez al mes se abre en horario de noche (de 23.00 a 2.00) para cortar cabelleras; los dueños contratan a un DJ que ameniza los movimientos de tijera. El sector está viviendo unas jornadas polémicas. La historia es la siguiente: la Federación Catalana de Peluquería considera injusto el canon que deben pagar las peluquerías a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) por ambientar musicalmente sus locales. Según la tabla de tarifas de la SGAE, las peluquerías de hasta 50 metros cuadrados abonan 6,45 euros al mes; de 51 a 100 metros cuadrados, 12,89 euros; de 101 a 150 metros cuadrados, 19,34 euros; y a así, progresivamente, hasta llegar a un local de 2.000 metros cuadrados que debe pagar 67,02 euros. La Federación llegó a recomendar a los clientes que se llevasen su propia música para así esquivar el canon.

"Yo pago y me parece bien: para eso se lo curran los músicos", señala la responsable de Juan, por Dios! "No serás de la SGAE, ¿no?", pregunta bromeando al periodista Luciano Cañete, 41 años, dueño de Corta Cabeza Hair. Sólo lleva tres meses abierta. "Le doy mucha importancia a la ambientación musical. De hecho, me lo trabajo: hago en casa listas de reproducciones en el iPod para luego pincharlas", señala. Con un piercing atravesándole la nariz, Luciano habla mientras prepara el tinte para una clienta: "Yo tengo una teoría: cuando doy mechas, que es algo así como pintar un cuadro, es mejor la música tranquila, para estar relajado, canciones de Cat Power o Patrick Wolf. Para cortar el pelo se puede escuchar algo más marchoso", comenta mientras suena Embrujada, de Tino Casal.

Óscar Nicolás, de 33 años, trabaja para la conocida cadena Marco Aldany. Tiene clara la función de las canciones: "Si se pone música marchosa se trabaja más deprisa". Pedro Turón, de 38 años, uno de los dueños de la cadena de peluquerías Turón, apunta que juegan con los ambientes dependiendo del día: "De lunes a jueves ponemos chill out relajante. Uno de nuestros discos favoritos es el del Café del Mar. Otra cosa son los viernes y los sábados. Esos días preferimos música algo más cañera, como house. Nuestra clientela esos días es gente joven. En realidad es como si estuvieran tomando la primera copa del día". El añejo hilo musical también es efectivo. Se sintoniza el canal Pop actual y suenan todas. Es lo que hace Pilar García, 49 años y ocho al frente de dos peluquerías: "Cuando se paran todos los secadores, si no hay música se crea un ambiente aburrido. Por eso pongo el hilo musical, como ahora, que está sonando Bisbal. Pero no muy alto porque se queja el vecino de arriba". María López, 24 años, lleva con su madre, Pilar, una peluquería, de las de antes, de señoras: "Antes teníamos hilo musical, pero como es muy caro ahora utilizamos Internet. No, chill out, no, que es muy lento para trabajar. Prefiero El Canto del Loco o Bisbal. Cuando vienen señoras ponemos a Los Pecos, que es de su época: se emocionan y hasta cantan". Aunque algunos clientes prefieren el silencio, como Óscar, de 30 años, que habla mientras le practican un rapado al uno: "Me fastidia que me impongan la música a la fuerza. Prefiero el silencio. Si quiero escuchar algo me traigo mis auriculares y ya está".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2010