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COLUMNA

Cenicienta apareció en el baile

Hace un año, cuando comenzó esta legislatura autonómica, meigas aparte, ni Núñez Feijóo ni nadie podía prever que tendríamos ahora la economía gallega abierta en canal y en plena operación. Y no sólo la economía, también los equilibrios de poder territorial. En suma, casi todo.

En realidad, la vida social gallega es muy épica. Siempre vivimos alguna comedia o algún drama. Estamos ahora en el momento más emocionante de esta película, algo así como El bueno, el feo y el malo, pero trata de la fusión de las cajas de ahorro. Todos estamos intrigadísimos y nos mordemos las uñas. ¿Qué pasará? Puede ocurrir cualquier cosa. No sabemos el final, pero ya hemos aprendido muchas cosas, antes de nada que el poder político gallego ni era poder ni era farrapos: durante todos estos años resulta que estaban ahí delante unas cajas de ahorro y la Xunta ni cayó en la cuenta de que existían. La verdad es que ni el Gobierno gallego ni la mayoría de nosotros. Hizo falta una crisis económica para que nos viésemos obligados a preocuparnos de su situación y de cómo nos afectaría a todos. Fue entonces cuando Feijóo comprendió que tenía que actuar, que era su responsabilidad como presidente, y así lo hizo.

Los poderes están repartidos y un presidente no puede permitirse 'reinar'

Pero tras una acometida inicial que descolocó a sus adversarios tropezó con una serie de obstáculos. Chocó, primero, porque lo que no se hizo en décadas, que el poder político de la autonomía interviniese en el gobierno de las cajas, no se puede hacer de repente en unos meses. Y segundo, porque experimentó lo que se empeñó en negar desde el comienzo de esta legislatura, que no le cabe gobernar con soberbia: no se pueden romper consensos o acometer reformas importantes sin pactar acuerdos cuando se gobierna con una mayoría de un solo diputado. Pues los poderes en Galicia están repartidos en muchos sentidos, también territorialmente, como se está comprobando, ahora en provincias, ciudades, y un presidente no puede permitirse reinar. Lo que había pareció inicialmente un paseo triunfal, una fusión de cajas por decreto y tutelada por él, resultó una verdadera batalla que le congeló la sonrisa. Feijóo resulte o no la fusión habrá ganado la batalla, la sociedad considerará que hizo lo que debía y lo que pudo, pero también habrá visto que su poder era limitado. De las victorias nada se aprende pero todos aprendemos de las derrotas. Mucho tendrán que aprender los socialistas porque de las batallas alguien sale peor parado. Y en ésta son ellos.

Pero la lección más cara para todos nos la ofrece el contemplar el espectáculo del localismo desatado. Que los dos alcaldes que protagonizaron la escena sean del mismo partido es un problema interno. Lo importante es que nos ha obligado a ver lo grave que es el localismo y en concreto los localismos que tienen tanta fuerza en las dos ciudades que deberían ser los motores del país y en cambio sus dirigentes luchan entre sí. Pero no sólo se han enfrentado los alcaldes. Si nos separamos un poco y ganamos distancia veremos que también lo han hecho los dos principales periódicos gallegos defendiendo inteses contrarios. Los periódicos juegan siempre un papel fundamental en la vida pública, articulando a la sociedad. Junto a los políticos son quienes modelan la sociedad. Si los políticos y la prensa actúan por localismo, las ciudades se encerrarán más y más en sí mismas. Cuando un alcalde pretende ser la más bonita y otro pide la rendición de la ciudad vecina entonces se va por muy mal camino.

Lo curioso es que cada caja manifiesta buena parte de las virtudes y defectos, del espíritu de las respectivas ciudades. Una fue aventurera, alegre y fantasiosa y la otra fue más predecible, menos pretenciosa y más aburrida. Si confluyesen esas características en una misma caja, de ahí podría haber resultado un caos de aúpa o una caja optimista pero prudente.

Del mismo modo, si juntásemos el desenfado, la autoestima, la fantasía coruñesa con la predecible laboriosidad y el espiritu revolucionario vigués daría la unión de fuerzas magníficas. Estas décadas de autonomía el lobby coruñés ha cuestionado la existencia de la autonomía con un modelo alternativo, la ciudad estado, mientras Vigo ha estado ahí ensimismado en la celebración de sí misma, fabricando coches y barcos pero incapaz de salir de sí. Revelar el estado de las cajas de ahorro le ha mostrado a los vigueses, pero también a los demás gallegos, que Vigo ha estado olvidado y adormecido todo este tiempo y ahora ha despertado. Cenicienta se presentó en el baile de palacio y presume de que tiene dote.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2010