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CINE | la semana por delante

Lola Montes entra en el siglo XXI

Max Oppenheimer era judío, alemán, director teatral. Un cóctel explosivo en el periodo de entreguerras. Reconvirtió su apellido en Ophüls y huyó a Francia en 1933 tras el incendio del Reichstag. Los nazis le siguieron y el cineasta acabó en EE UU en 1941. Hollywood le abrió sus puertas gracias a que Preston Sturges era un irredento fan. Cartas de una desconocida, La ronda, El placer... Títulos de Ophüls, un maestro de las relaciones humanas, vistas con ironía. Su último filme, único en color, fue Lola Montes, que rodó al volver a Europa. Ahora, las aventuras de esta irlandesa, bailarina, amante de Luis I, que acabó sus días indigente en Nueva York, que tan bien supo destilar al cine Ophüls, pueden verse en una versión restaurada digitalmente a partir del viernes en el cine Verdi. Para paladares excelsos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2010