Satisface ver que las instituciones son capaces de detectar y combatir los casos de corrupción más flagrantes, aunque probablemente muchos otros no son detectados o, si lo son, no se pueden llegar a demostrar con pruebas suficientes ante los tribunales. No obstante, dado que ha quedado claramente demostrado que, como diría alguno, hay gente que se mete en política "para lucrarse", resulta fundamental que se revisen los mecanismos del Estado para combatir la corrupción cuando se tengan los primeros indicios y no después de que hayan estado años esquilmándonos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2010