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CARTAS AL DIRECTOR

Derechos humanos

El debate sobre la prostitución no es un debate sobre un problema de civismo o de orden público, como se empeñan en reflejar determinadas ordenanzas municipales, es un debate sobre un problema más de fondo como es el de los derechos humanos.

Las mujeres no somos mercancía, no todo es objeto de compraventa, y además es difícil hablar de libertad contractual entre dos partes desiguales, dada la situación de pobreza y explotación de la mayoría de las mujeres -que no hombres- que "libremente consienten" en esta especie de "contrato sexual". Al acceso al cuerpo de las mujeres por un precio se le puede y se le debe poner un límite: la defensa de los derechos de las personas.

Para poder comprender el fenómeno social de la prostitución, hay que entender que existe una estrecha relación entre esta y la desigualdad de géneros; entre esta y la pobreza.

Se trata de poner en cuestión dos elementos estructurales: el neoliberalismo salvaje y el patriarcado como modelo social y tradicional de masculinidad, basado en las ideas de control y dominación. En definitiva, se trata de concienciar a la sociedad de que la prostitución es una manifestación de explotación sexual y de la necesidad de erradicación de esta forma de violencia contra las mujeres, especialmente contra las más vulnerables social y económicamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2010