Otro año más tenemos que padecer la terrible matanza de las focas en Canadá.
La manera de cazarlas es extremadamente cruel. Los cazadores golpean hasta la muerte a cientos de miles de crías de focas. La carne de estas crías es normalmente abandonada en el hielo, pues raramente se come. Sólo quieren su piel y la mayoría de las veces son despellejadas vivas.
A nivel particular, sólo podemos frenar esta masacre evitando cualquier producto derivado de foca, como ácidos grasos Omega-3 o cualquier producto hecho con pieles de foca.
Este año entrará en vigor la prohibición de los productos derivados de foca en la Unión Europea, pero la condena europea y de muchos otros países no puede impedir que esta masacre continúe. La mayoría de los canadienses están en contra de esta crueldad e incluso la clase política canadiense ha solicitado abiertamente que se ponga fin a esta actividad, pero el Gobierno sigue actuando por su cuenta sin atender a la llamada de la mayoría de los ciudadanos. ¿Qué egoístas y sucios motivos puede tener el Gobierno canadiense para respaldar y continuar esta terrible lacra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de abril de 2010