El 2 de abril hizo un año desde la famosa refundación del sistema económico capitalista, por el G-20+2 (España y la Comisión Europea), en Londres. El proyecto consistía en "un programa adicional para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo", por este orden. Suponía el "mayor estímulo fiscal y monetario, y el programa de apoyo más extenso para el sector financiero de los últimos tiempos", a cambio, se prometía el fortalecimiento de la supervisión y regulación financieras para "desincentivar la excesiva asunción de riesgos" y poner fin a "las prácticas no cooperativas" (paraísos fiscales). El crecimiento económico previsto en términos reales, de un 2%, se posponía para finales del año 2010, y la creación de empleo sería el resultado lógico del esfuerzo inversor.
Se reservaba la "ingente" cantidad de 6.000 millones de dólares para una financiación adicional, privilegiada y flexible a los países más pobres durante los próximos tres años; se liquidaba así, antes de la fecha prevista inicialmente para 2015, el compromiso histórico con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se incrementaba la lucha contra el proteccionismo comercial y financiero y, sobre todo, contra las medidas que pudiesen limitar el movimiento de capitales, especialmente hacia los países en vías de desarrollo, que son precisamente los más vulnerables a la especulación. El crecimiento además debería ser sostenible y luchar contra el cambio climático, para eso se programó la Conferencia de Copenhague, de diciembre de 2009, ya fracasada; del resto de medidas podemos opinar, pero sobre todo las estamos sufriendo. Más mercado y menos política, sigue siendo la norma un año después.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de abril de 2010