De todos sus diseños como arquitecto, John Carl Warnecke destaca por uno en especial: el proyecto de la tumba del presidente Kennedy, un encargo que además de ser notorio en lo profesional, resultó satisfactorio en la vertiente personal. Cuenta en sus memorias, todavía inéditas, que mientras preparaba el encargo, mantuvo una historia de amor con la viuda, Jacqueline Kennedy. Medio siglo después, John Warnecke fallecía el sábado 17 de abril, a los 91 años, debido a un cáncer de páncreas en su casa de Healdsburg, California. Tenía otras dos residencias en San Francisco y Manhattan.
Nacido en Oakland (California) en 1919, hijo de un reputado arquitecto de San Francisco (Carl I. Warnecke), su relación con los Kennedy comenzó en los años cuarenta, cuando el entonces futuro presidente pasó varios meses trabajando en Standford y Warnecke ocupaba un puesto en el equipo de fútbol de la institución. Apelados los Wow Boys (algo así como los chicos cautivadores) por su condición de imbatibles, ganaron la Rose Bowl en 1941. Fue precisamente una lesión en el terreno de juego lo que libró a Warnecke de realizar el servicio militar. En 1942 consiguió el título como arquitecto en la Universidad de Harvard.
A finales de los cincuenta se hizo conocido por su proyecto para el edificio de la Embajada de EE UU en Bangkok. Distinguido por la adaptación de sus diseños al entorno y la historia de los lugares en los que se emplazaban, Warnecke ganó el concurso para remodelar Lafayette Square. En 1963, John F. Kennedy le pidió que se integrase en el organismo que aprobaba todos los proyectos de los edificios federales en Washington y trabajó en los planos de la biblioteca presidencial.
Tras el asesinato del mandatario ideó el proyecto para su tumba en el Cementerio Nacional de Arlington, cuya construcción concluyó en marzo de 1967. "El diseño y la composición final deben ser simples. De esa simplicidad y dignidad, vendrá su belleza", escribió a Jacqueline Kennedy. De la relación amorosa entre ambos, dan cuenta otros dos libros: Her private years, de Edward Klein, y American's Queen, de Sarah Bradford. Se sabe que más allá del affaire, continuaron siendo amigos hasta la muerte de ella.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de mayo de 2010