El acoso que está ejerciendo el Estado de derecho hacia la banda ETA está cosechando unos frutos de buena calidad. La última operación policial ha conseguido descabezar la cúpula militar de la banda. Con esta actuación, el debilitamiento del entramado terrorista se hace más evidente aún si cabe. La lucha contra el terrorismo también se ve plasmada en una crisis de capacidad de movilización de todo el entramado que apoya la lucha armada.
Todo esto no significa que la banda contemple la posibilidad de una reestructuración encaminada a su desaparición, que lleva solapada su derrota. Al contrario, es ahora cuando más peligro acarrea su estrategia. Una estrategia, la única que conoce y que no es otra que imponer el miedo en la sociedad mediante la extorsión y el tiro en la nuca. El terrorismo está herido. Su carencia de ideología le hace aún más débil. Se encuentra con "respiración asistida", pero puede moverse. El corazón sigue latiendo, lo cual significa que el enfermo permanece vivo.
El trabajo encomiable que están realizando las fuerzas y cuerpos de la Seguridad del Estado debe complementarse con la voluntad política basada en planificar un plan, determinante, para contribuir a la definitiva derrota de ETA. Los rumores de que existe una negociación, fundamentada en la puesta en libertad de Usabiaga, miembro del sindicato LAB, debilitan a la democracia, que es la única legitimada para acabar con el terror.
De la última negociación se deben sacar conclusiones claras. Unas conclusiones que solo deberían contemplar una idea central y que no es otra que para el terrorismo solo existe una sola estrategia, un solo camino y que no es otro que el que nos lleve a conseguir su derrota definitiva.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de mayo de 2010