Soy usuario de teléfono móvil desde 1996. El aparato que tengo ahora debe de ser el tercero o el cuarto.
Mi compañía quiere regalarme un teléfono cada año. Es más, me llaman empeñados en que jubile ya el que uso, que funciona perfectamente.
Sin duda, esta campaña de mercadotecnia atraerá clientes y fidelizará a los actuales. Pero, ¿qué sentido tiene desechar teléfonos que funcionan? ¿No es un insulto a quienes nada tienen que nosotros, por vanidad o divertimento, estrenemos teléfono cada año? ¿No suponen un problema medioambiental los residuos que se generan.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de mayo de 2010