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Tribuna:

El ascensor social catalán funciona

A menudo, la sociedad catalana se ha representado y explicado como una especie de California mediterránea donde era y es factible prosperar a base de talento, habilidad y esfuerzo. Pero más allá de este discurso mítico, la movilidad social catalana se ha estudiado muy poco. El estudio pionero de Pinilla de las Heras (1978) encargado por la Fundación Jaume Bofill a inicios de la década de 1970 es una buena excepción, pero ya muy lejana en el tiempo.

El estudio que hemos realizado también ha sido encargado por la misma fundación analizando los datos sobre movilidad social y educativa que recogen las cuatro primeras oleadas (2001-2005) del Panel de Análisis de las Desigualdades (PaD) promovido, con rigor y acierto, por la propia Fundación Jaume Bofill.

Cataluña supera a Alemania y Francia en fluidez social, pero está lejos de Holanda y Suecia

Al analizar la movilidad social buscamos conocer cómo se renuevan o se heredan las posiciones de clase entre padres (orígenes) e hijos/as (destinos). Medimos el volumen absoluto de ascenso, herencia y descenso social que se da entre las clases sociales (cuántos y de qué orígenes de clase cambian o no de posición). El análisis por cohortes realizado abarca un largo periodo (1955-2005) que no captura los efectos de descenso social producidos por el actual ciclo de crisis (2008-2010).

A lo largo de estos 50 años, sólo el 22% de los catalanes han heredado la clase de origen, y la sociedad catalana muestra un elevado volumen de movilidad social (78%). Entre padres e hijos predomina el ascenso social (49,1%) sobre el descenso social (18%). El restante 10,9% corresponde a la movilidad horizontal (no jerárquica entre clases). El alto volumen de ascenso social se descompone entre el ascenso reducido (29%), de trayecto extenso (14%) y máximo (6%) según los desplazamientos jerárquicos entre clases.

Por primera vez, hemos comparado las tasas absoluta y relativa de movilidad social catalana desde una perspectiva internacional. La tasa ascendente masculina es comparable con la registrada en Suecia y Holanda. La tasa ascendente femenina supera estos países y llega a situarse en el nivel internacional más alto, junto con la de Hungría e Israel.

Hemos analizado también el acceso a la élite directiva y a la clase profesional confirmándose la tesis del cierre social por arriba. Esta tesis no se cumple en otros países y Estados con mayor tradición democrática. Por ejemplo, los hijos de directivos en Gran Bretaña (clase I) tienen una disparidad de ventaja de 32 a 1 ante los hijos de obreros poco cualificados (clase VII) de llegar ellos mismos a ser directivos. En Cataluña, esa disparidad de ventaja es de 83 a 1.

El análisis de la movilidad relativa (probabilidades de pasar de determinados orígenes a determinados destinos sociales) para el total de la muestra proporciona un resultado agregado muy distinto. Mediante el análisis log-multiplicativo unidiff se constata que Cataluña no cumple la tesis de "fluidez social constante" formulada por Erikson y Goldthorpe (1993). En contra de dicha tesis, se da un paulatino aumento de la fluidez social reduciendo el clasismo y el cierre de oportunidades sufrido por las cohortes de edad más maduras. Aunque Cataluña supere a Alemania y Francia en fluidez social, sigue muy alejada del bajo nivel de clasismo y máxima fluidez que se da en Holanda y Suecia.

Nuestro análisis confirma una pauta de estratificación meritocrática en la sociedad catalana según la cual los destinos sociales (D) están más determinados por la propia educación del individuo (e) que por el origen de clase (O). Sin embargo, esta pauta meritocrática coexiste con una débil política de ayudas y becas al estudio que desfavorece el progreso educativo de los hijos de las familias más pobres: estos tienen 14 veces menos oportunidades de completar una secundaria posobligatoria que los hijos de familias con rentas medias o altas.

Esperamos que las aportaciones empíricas mejoren el autoconocimiento de la sociedad catalana sobre sí misma. Como sociólogos hemos construido un mapa o, más bien, un espejo en el que queda reflejado su sistema de estratificación. Es esperable que el reflejo obtenido genere reacciones plurales de todo tipo. Los actores sociales, los mismos ciudadanos que han sido objeto de estudio, se convierten ahora en lectores del estudio y en agentes reflexivos y más conscientes de la colectividad de la que forman parte.

Antoni Marín Saldo, sociólogo y estadístico de la Fundació pel Desenvolupament Comunitari (DC).

Xavier Martínez Celorrio, profesor de Sociología de la Educación e investigador del CRIT de la Universidad de Barcelona (UB).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010