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COLUMNA

La desesperanza

Hace 15 días se celebró, como cada año, uno de esos rituales que si tienen suerte aparecen fugazmente por la televisión autonómica. Fue un acto de entrega del Pedrón de Ouro y Pedrón de Honra otorgados por la Fundación Pedrón de Ouro, un rito de galleguistas conjurados contra la historia que existe desde hace casi 50 años y ha atravesado situaciones históricas bien distintas. Es por eso que tiene un aire de estar fuera de época. Pero es que el galleguismo lleva gran parte de su historia viviendo al margen de su época, ha tenido que resistir conjurándose contra las fuerzas dominantes en nuestra historia. Su drama es que está muy acostumbrado a resistir y parece que ha interiorizado esa situación como natural.

Mira uno a su alrededor y lo que ve es, de nuevo, corrupción, actuaciones caciquiles descaradas

Otorgar un galardón en parte es un modo de reconocer y recompensar a alguien y en parte también es un modo de hablarle a la sociedad: quienes otorgan ese reconocimiento entienden que esa obra, esa persona o esa conducta, o todo a la vez, son ejemplares. Y desde luego se celebran los éxitos, nunca fracasos. Premiando a Camilo Nogueira con el Pedrón de Ouro y a Fermín Bouza con el Pedrón de Honra se premian sus mismas vidas, se considera que tienen biografías ejemplares y que son a su modo éxitos de este país, motivo de orgullo.

Fermín Bouza recordó cómo forma parte de una generación "fumigada", una generación universitaria viva, antifascista y crítica formada en la Compostela de los años sesenta y que fracasó como tal, se dispersó derrotada lejos de una Galicia que no les dejó sitio para existir y realizar su tarea histórica de democratización y modernización. El Fermín Bouza de hoy, como los demás compañeros de su generación, se funda en aquel éxito vital de existir y en aquel fracaso de su derrota generacional. Algún día tendremos que poner en valor nuestras derrotas, tasar cuanto nos costaron, para saber lo que hemos perdido.

De Camilo Nogueira se recordó su continuidad familiar con los fundadores del Partido Galeguista en Vigo. No nos comprendemos realmente en tanto no conozcamos nuestra filiación, nuestras familias. Se recordó su trayectoria desde el comienzo de los años setenta en el galleguismo, en la izquierda, en el sindicalismo. Se refirieron sus estudios sobre economía, historia, Europa..., su papel en las organizaciones de la izquierda galleguista, pero lo más interesante fue que su trayectoria dio pie a recordar cosas necesarias y sepultadas hoy por la negatividad y la desesperanza que domina completamente la política gallega. El profesor Xusto Beramendi recordó su papel en la redacción de las Bases Constitucionais da Nación Galega, el proyecto específicamente gallego de ruptura democrática con el franquismo para pactar una España federal. Luego su papel fundador en el POG, Unidade Galega, la lucha por la autonomía hoy completamente olvidada, los debates sobre el estatuto y la redacción del Estatuto dos 16, un texto estatutario redactado íntegramente desde Galicia y por nuestros representantes políticos antes de que fuese sepultado por el que pactaron finalmente en las Cortes Alfonso Guerra y Abril Martorell. Pero aún habiendo acabado la lucha por nuestro estatuto con un regusto amargo, el nuevo Parlamento, por primera vez un parlamento propio de la ciudadanía gallega, abrió una etapa de esperanzas: estaba todo por hacer, todo podía ser hecho. Allí se debatieron nuestras comunicaciones, los problemas industriales, la llamada "reconversión" naval, los problemas de nuestro campo, del mar, la cultura. Allí se aprobó la creación de una compañía de Radio y Televisión pública gallega para promover nuestra lengua. Se redactó la Ley de Normalización Lingüística que ahora están anulando en la práctica.

Volver a las actas de aquel primer parlamento de la nacionalidad de los gallegos, recordar los primeros días de la autonomía, debería ser lectura obligada y atenta para quienes hoy quieran asumir la responsabilidad de dirigir la nave de Galicia hacia alguna ruta. No puede ser que nos hayamos quedado sin cartas de navegación, varados en el océano y sin compás ni ruta. Mira uno a su alrededor y lo que ve es, de nuevo, una corrupción, actuaciones caciquiles descaradas, ataques a nuestra lengua y cultura. Y en la Xunta instalados a los negadores de cualquier ilusión, a los que traen aburrimiento y corrosión. Hemos caído de nuevo en la desesperanza. Hay que recordar, despertar y volver al principio, a la fuente de una ilusión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010