La Real Filharmonía de Galicia cerró el ciclo de abono de la temporada 2009-2010 el viernes 4, en el Auditorio de Galicia, en Santiago de Compostela, con la colaboración del Coro de Radio Televisión Española dirigido por Josep Vila, en un concierto en que el llamado género chico fue tratado a lo grande. En programa, La Gran Vía, de Federico Chueca y Joaquín Valverde, y Bohemios, de Amadeo Vives. El público compostelano no tardó en entrar de lleno en ambiente y, desde el inicio de la Introducción y polca de las calles de La Gran Vía, aplaudió con ganas al finalizar cada número.
Fueron especialmente bien acogidos el Tango de la Menegilda y la Jota de los ratas, creciendo la intensidad de las ovaciones a partir de ésta hasta el chotis del Eliseo y Final, acompañado por las palmas de los asistentes.
Destacaron Milagros Martín, una Menegilda de rompe y rasga que puso toda la carne en el asador en canto y presencia escénica, y el trío de Ratas, con toda la dureza y la pillería de un Madrid finisecular hechas voz y gesto por Miguel Mediano, Manuel V. Fernández y Pablo López. El coro superó con garbo las dificultades vocales de la obra.
Otro ambiente
El descanso fue tiempo de comentarios y celebración festiva. Por su carácter, quizás no sea Bohemios la segunda parte idónea para una fiesta de despedida de curso como la del viernes, pues su música, en su mayor afán de trascendencia teatral, es menos festiva. Lo mejor en la obra de Vives fue el buen hacer vocal y musical de Raquel Lojendio y el sonido de una entregada Real Filharmonía, a las órdenes de Antoni Ros Marbà, aunque se echó en falta algo de chispa e intención en los pizzicatti del intermedio. Precioso el canto de la cuerda en el precioso tema central, que sería un monumento con una orquestación más profunda que la que le dio su autor.
Fueron destacables los solos de clarinete de Beatriz López en el dúo de los protagonistas, Roberto y Cossette. Vicente Ombuena, tenor, estuvo bastante forzado en agudos y con problemas de colocación de la voz, siempre algo entubada. La del barítono Alfredo García, con apoyos muy traseros, junto a su mala proyección, deslucieron su intervención al resultar difícil oírle en los concertantes e incluso en algunos solos. Los comprimarios, algo irregulares.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010