La semana pasada, los sindicatos franceses organizaron una jornada de protesta contra el decidido proyecto de Nicolas Sarkozy de reformar las pensiones, y, en concreto, con la idea del Gobierno (ya confesada) de retrasar la jubilación francesa, actualmente emplazada en los 60 años, una de las más adelantadas de Europa. Al día siguiente de las manifestaciones, los sindicatos, que contabilizaron un millón de personas en la calle, calificaron la jornada de éxito. La Policía solo vio 400.000, dando un argumento al Gobierno francés para considerar la protesta como de fracaso.
Hasta aquí, más o menos como en todos los sitios y en todas las manifestaciones que acaban en tablas.
Pero la reforma de las pensiones francesas no es cualquier cosa. Adelantar la jubilación fue una de las medidas del presidente socialista François Mitterrand, tomada a principios de los ochenta, con su evidente correlato práctico, pero con un potencial simbólico considerable. Recuerden: un paso más (a lo mejor el último) en dirección a hacer la vida más llevadera al trabajador, la penúltima parada del paraíso socialista.
Los sindicatos se oponen al plan de retrasar la edad de jubilación
La patronal opina que la jubilación a los 60 ha sido solo "una ilusión"
Las encuestas indican que los franceses están ya medio convencidos
Ahora, quién lo duda, corren tiempos duros. Jacques Attali, un economista celebrado, asesor económico en su tiempo precisamente de Mitterrand, acaba de publicar un libro de título revelador y contenido escalofriante. ¿Dentro de diez años todos arruinados?, en el que, entre otras cosas, habla de que los países europeos, debido a la carga considerable de su deuda pública, están peligrosamente bailando a ciegas a un paso del abismo.
Y el jueves, Laurence Paristot, presidenta de la asociación patronal francesa, aseguraba, desde las páginas económicas de Le Figaro, lo siguiente: "La jubilación a los 60 años no es un logro social sino una gran ilusión".
Es decir: se acabó el sueño, señores, fue bonito mientras duró. Los ministros de Sarkozy se empeñan, de plató en plató y de entrevista en entrevista, en convencer a los franceses de que, con las tablas de la demografía en la mano y la tasa de envejecimiento delante, jubilarse a los 60 años se ha vuelto imposible. Hay sondeos que indican que, gracias o no a los ministros, los franceses están ya medio convencidos.
Y sin embargo...
Y sin embargo los sindicatos han convocado otra jornada de protesta en toda Francia para el 24 de junio. Por la misma razón. En contra de la retirada de la (utópica o no) jubilación a los 60 años, apelando a la táctica descrita con gracia por un participante parisino en la última manifestación: "Se trata de seguir. Es como con la mayonesa. Hay que darle y darle, y a veces monta, y a veces no".
Este corresponsal no pudo resistir la tentación y preguntó a este mismo qué pasaría en Francia si recortaran por decreto el 5% del sueldo a los funcionarios. Al manifestante se le cambió la cara de repente y con una sonrisita irónica respondió:
-Eso ya no sería cosa de la mayonesa, amigo. ¡Eso sería la guerra!
La respuesta (en Francia), del segundo asalto, pues, el 24 de junio. Veremos si monta o no. Si se monta o no.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010