Francisco Camps asegura, además de la habitual matraca sobre la conspiración, que en esta ocasión podrá aportar las pruebas que demuestran su inocencia; Federico Trillo abunda en que todo ello puede provocar un giro completo a la actual situación.
Uno ya no sabe qué pensar: si se trata de otra versión de la pose "... estamos todos contentos" o si, por el contrario, esta peña ha asumido que, como Israel, cuenta con apoyos que le permite acometer las mayores barbaridades.
Porque no me dirán que pasarse un año cuestionando la honradez de las instituciones (de aquellas que no controlan), utilizando fraudulentamente los recursos de su personación como acusación particular y huyendo de los medios de comunicación (incluso de aquellos que controlan) para neutralizar graves acusaciones, pudiendo haber demostrado su inocencia con las pruebas irrefutables que ahora dicen tener, no parece una barbaridad...
Aunque mayor barbaridad sería que tras meses de intentarlo todo contra todos, aparecieran prodigiosamente los recibos de sus trajes.
Si así fuera, pocas dudas caben sobre cuál será la respuesta de esos jueces amigos a los que -en comparación con las lisérgicas interpretaciones del Código Penal a las que se han atrevido hasta ahora-, aceptar tales documentos en clave exculpatoria les va a resultar tan fácil como dar un paseo por El Saler.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010