En la Viena de los años cuarenta, dos hermanas ricas (Carmen Machi y Àngels Bassas), que sólo trabajan esporádicamente como actrices en su teatro, ofrecen un banquete de bienvenida a su hermano filósofo (Mingo Ràfols) que acaba de llegar de una de sus estancias en el manicomio. Este es el argumento principal sobre el que gira Almuerzo en casa de los Wittgenstein (Ritter, Dene, Voss), obra teatral de Thomas Bernhard que, bajo la dirección de Josep Maria Mestres, se estrena este sábado en el teatro Romea dentro de la programación del Festival Grec.
En el montaje, que se representará hasta el 1 de agosto, la mesa y el ágape oficiados serán la excusa perfecta para que confluyan tres maneras de entender la existencia. Àngels Bassas será la pequeña y maliciosa de la familia. Mientras que Carmen Machi, famosa por sus papeles televisivos en series como Aída y Siete vidas, encarnará "la cara amable", en palabras de Mestres, una mujer cuya obsesión principal será cuidar de Voss- Ràfols, calificado por el director de la obra como "un personaje fuera de toda norma". Para crearlo, Bernhard se inspiró en dos personajes históricos: su amigo Paul y su tío, el gran filósofo Ludwig Wittgenstein.
Carmen Machi, Àngels Bassas y Mingo Ràfols interpretan la pieza
En suma, "la familia vista como un infierno", sentenció Mestres, "con personajes muy reconocibles que el público distinguirá en un texto que no es racional, sino completamente emocional. Te lleva a lugares vitales terribles, pero también tiene muy presente el humor".
La obra realiza también un recorrido irónico por todo el pensamiento y la cultura de los mecenas de las primeras décadas del siglo pasado para hablar de arte, música y criticar los clichés de la vieja Europa. Sin dejar títere con cabeza y con dardos tan envenenados como "cuando habla un actor tengo la sensación de que el mundo es muy vulgar", o "también los pintores son estúpidos aunque estén muy bien pagados", según recitaron los tres actores.
A propósito de estas escaramuzas, Carmen Machi, que se mostró muy contenta de volver a los escenarios barceloneses tras la interpretación dramática de Platonov en el TNC, afirmó: "el autor no puntúa y eso te lleva a una sorpresa detrás de otra en el texto. Es excepcional". Para director y actores, el salto mortal es llevar un texto, que calificaron de "difícil" al público actual, teniendo presente las relaciones de mecenazgo que la propia familia Wittgenstein tuvo con Strauss y Mahler. Y el carácter del mismo autor, que a su muerte prohibió cualquier representación de sus textos en Austria, obcecado como estaba contra los nacionalismos que imperaban en su país.
Con todo, Josep Maria Mestres -que ha dirigido el montaje a petición del director del Romea, Calixto Bieito-, afirma: "El público se identificará con estos personajes desasosegados, porque nos vienen ganas de abrazarlos y curarles las heridas".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2010