El resplandor desvanecido del origen de los mundos", lo llamó con intensidad lírica Georges Lemaître, el cura cosmólogo que descubrió el Big Bang entre las ecuaciones de Einstein. Con un estilo más prosaico, los físicos actuales lo llaman radiación de fondo de microondas. Llena todo el universo y parece venir de todas partes, porque se originó junto al propio espacio que nos alberga, en la inimaginable eclosión que originó todo lo que existe. La radiación original fue muy energética, es decir, de una longitud de onda muy corta. Sin embargo, lleva 13.700 millones de años estirándose -enfriándose- con el mismo universo en expansión que la alberga, y hoy apenas supera en unos grados el cero absoluto: poco más que nada. Pero lo suficiente para Planck, el flamante telescopio espacial de la Agencia Europea del Espacio (ESA). Planck está cuatro veces más lejos de nosotros que la Luna, siempre a la sombra de la Tierra, en línea recta con el Sol y nuestro planeta, como escondiéndose del astro. Es una posición óptima para estudiar la radiación de fondo, y nos acaba de enviar la primera imagen del "resplandor desvanecido del origen de los mundos".
La mera existencia de la radiación de fondo fue lo que demostró el Big Bang en los años sesenta. Su gran interés hoy es que no es del todo homogénea: presenta grumos que sólo difieren de los claros en unas fracciones de grado, pero que constituyen -según han deducido los físicos- el germen de las gigantescas acumulaciones de materia del universo actual, los cúmulos y supercúmulos de galaxias.
No es casualidad que la imagen de los orígenes que manejan los físicos actuales supere con mucho los delirios más audaces que tuvieron los místicos del pasado. La teoría de la inflación cósmica postula una expansión inicial vertiginosa -el bang del Big Bang- que amplió las meras fluctuaciones cuánticas de una brizna de espacio hasta convertirlas en los gérmenes de las galaxias actuales. La calidad de las observaciones recogidas por el telescopio Planck durante 11 meses puede ser suficiente para confirmar o refutar ese modelo cósmico. Una teoría del cielo nocturno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2010