Siempre me resultan interesantes los artículos de su colaborador Timothy Garton Ash, pero no puedo dejar de hacer algunos comentarios sobre el que se publicó el 5 de julio en EL PAÍS.
Me parece a mí que, en estos momentos, ni en Reino Unido ni en España ni en ninguna parte del mundo la discusión sobre las políticas nacionales se está estableciendo en términos ideológicos.
La política de contención de gasto público y subida de impuestos adoptada como receta para salir de la crisis es aplicada indistintamente en países gobernados por, utilizando la terminología de Garton Ash, socialdemócratas o liberal-progresistas (España, Grecia, Portugal) y liberal-conservadores (Reino Unido, Francia, Alemania).
Lo peor es que en el centro de este debate no se sitúa la libertad de los ciudadanos sino el poder de los mercados. Entre la obligación de defender a unos pocos que tienen mucho o a los muchos que tienen poco -o nada-, tanto los liberales como los conservadores o los progresistas en amplias zonas del planeta han optado por defender a los pocos que tienen mucho -y que a este paso tendrán más- repercutiendo el peso de la crisis y sus ¿soluciones? sobre la mayoría que tienen poco.
Es evidente que los mercados financieros operan a un nivel claramente global y que las respuestas nacionales hace tiempo que dejaron de ser operativas.
En este combate, que de momento parece enormemente desigual, entre la defensa a ultranza de las leyes de los mercados y sus beneficiarios (incluidos, creo, los políticos) y el compromiso con las libertades individuales y sociales de los ciudadanos, me temo que van ganando, por goleada, los mercados.
Y estos no tienen apellidos ideológicos ni aquí ni en Pekín.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2010