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CARTAS AL DIRECTOR

Dopaje y vergüenza en el fútbol

Y rascando rascando va apareciendo una realidad, que aunque ya era un secreto a voces desde hace ya tiempo, es ahora cuando está tomando cuerpo y entidad propia. Y lo está haciendo de una manera tan abrumadoramente clara que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española va a verse en la obligación de ampliar o crear un nuevo significado al término dopaje.

Según los académicos, este proviene del inglés doping y le atribuye el significado, entre los deportistas, de "la utilización de sustancias destinadas a aumentar de manera artificial el rendimiento físico, con objeto de conseguir mejores marcas".

Gracias al fútbol profesional de la actualidad y a los agentes en él implicados (dirigentes, asesores e incluso, en algunos casos, los propios futbolistas), vamos a poder disfrutar de una nueva acepción del término dopaje, que podría plasmarse en un término cercano a "la utilización de dinero o bienes materiales destinados a reducir de manera artificial el rendimiento físico, con objeto de lograr el beneficio de un tercero".

Confío en que las autoridades deportivas implicadas (la Federación Española de Fútbol, el Consejo Superior de Deportes, etcétera) tomen cartas en el asunto.

Un deportista sancionado por haber utilizado sustancias dopantes sabe que estas no le aseguran el logro de las marcas o resultados deseados, y que además necesita mantener una altísima exigencia física y mental para, al menos, acercarse de forma fraudulenta a sus objetivos. La sanción supone habitualmente dos años "en el dique seco" y el escarnio público por su conducta.

Ahora juzguen ustedes la acción punitiva proporcional para aquellos que, además de alterar el rendimiento en una competición deportiva, lo hacen de manera tan falaz que ni siquiera tienen que esforzarse por lograr el objetivo, puesto que, por ejemplo, el portero rival se va a tirar al lado contrario de la trayectoria del balón. De tan obvio, chirría en nuestras conciencias.

Viejos problemas necesitan renovadas soluciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2010