A falta de una semana para que comiencen los exámenes de septiembre, las bibliotecas de Ciencias Sociales, en el campus de Tarongers, la de Ciencias en Burjassot y la de Humanidades en la calle Artes Gráficas -todas de la Universitat de València- amplían su horario y permanecen abiertas 24 horas al día, siete días a la semana. Sortear el calor, el ruido y la masificación son las razones más repetidas entre los estudiantes que optan por esperar a la puesta de sol para hincar los codos. Para otros, sin embargo, supone simplemente una costumbre o una segunda oportunidad para estudiar por la noche lo que no han conseguido memorizar por la mañana. "Si por la mañana no te cunde, este horario te permite quedarte más tiempo para aprovechar en lugar de perder el tiempo después de cenar frente a la tele", explicaba ayer un estudiante de Derecho.
Cafeína y bebidas energéticas, son la fórmula más extendida para mantenerse despierto. Aún así, son pocos los que aguantan toda la noche de modo que el pico de estudio nocturno se sitúa entre las ocho de la tarde y las tres de la madrugada. Los universitarios que se quedan hasta más tarde reconocen que se les echa el tiempo encima y que el horario ininterrumpido les permite "meterse el atracón" y estudiar unos días antes del examen en todo lo que no han trabajado antes. También los hay que confiesan que "lo de ir a la biblioteca por la noche" es una excusa ante los padres para poder salir con los amigos y despertarse más tarde.
Este horario extraordinario responde a la "necesidad de los estudiantes de disponer de espacios donde preparar los exámenes convocados entre el 1 y el 10 de septiembre", afirman fuentes de la Universidad. Los alumnos creen que la apertura 24 horas llega en buen momento porque la mayoría empiezan a estudiar "en serio" la última semana de agosto. Con todo, el reguero continuo de estudiantes que atraviesan por la mañana alguna de las 14 bibliotecas universitarias públicas de Valencia contrasta en número con los que se acercan por la tarde. Ayer por la noche, en la biblioteca de Humanidades (campus de Blasco Ibáñez) las sillas vacías predominaban en sus 15 salas abiertas.
Madrugadores y noctámbulos coinciden en que los exámenes de septiembre obligan a acortar las vacaciones, no obstante agradecen la convocatoria adicional y matizan que estudiar en verano "tampoco es tan malo".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 2010