El destrozo en La Vall d'Albaida por los incendios de los últimos días es visible casi desde la salida del túnel de L'Olleria, el acceso por carretera a esta comarca que vivió ayer una dolorosa resaca, su particular miércoles de ceniza, con los vecinos de casas de campo y granjas volviendo a comprobar la devastación. Silvia, vecina de Ontinyent, contemplaba ayer con tristeza los efectos de las llamas en el chalé de sus padres, en el término de Agullent, después de ser sofocados los focos de esta zona. El lunes por la noche tuvieron que salir corriendo ante el avance "rapidísimo" del fuego. Cuentan que unos vecinos, unos metros más abajo, se quedaron a defender su propiedad. Salvaron la vida sumergiéndose en la piscina. El interior de la vivienda principal de Silvia se ha salvado casi todo, pero el resto de la parcela está calcinada.
Los testigos relatan la angustia ante la voracidad de las llamas
El martes ya pudieron subir para ver el dantesco panorama. En las proximidades de la casa, no ha sobrevivido ni un matojo. Ella y su hermano volvieron a dar sepultura a dos de sus cuatro perros. La mitad de los canes fueron recogidos por una vecina, pero varios quedaron atrapados. "Cuando empezó el fuego aquí no subió nadie, ni bomberos ni policía. Estuvimos llamando varias veces al 112, pero el fuego iba muy deprisa, no creo que hubiesen podido hacer nada", cuenta. Sin preguntárselo, nos remite al incendio que sufrió la comarca en 1994. "Aquí no llegó, pero ha sido mucho peor. Ha sido el incendio más brutal que ha habido en esta zona", concluye.
Manuel Cano contemplaba con incomprensión y una tristeza infinita el impacto del fuego en su granja de animales. Cuando comenzó el incendio, liberó a las ovejas y trató de salvar un camión, sin éxito. Lo cuentan sus vecinos, porque él apenas puede articular dos palabras seguidas. Su hijo, Abel, con los ojos enrojecidos, no quiere hablar. Su gesto es de desolación. La pequeña carretera que sube hacia la montaña, en la intersección de Agullent y Ontinyent, hizo de cortafuegos y salvó a muchas parcelas. Monte abajo, Francisco Martínez, vecino de Ontinyent, puede contar que su chalé está intacto. Apenas ha perdido algunos olivos. Pero él y su familia pasaron miedo. "Ha sido increíble. He visto pocos incendios como éste. Aquí hemos tenido suerte, pero hacia arriba hay más de veinte casas dañadas, relata". Enrique Soler monda almendras mientras cuenta que no vio peligrar su propiedad, al lado de una carretera secundaria donde pararon las llamas. "Como lo tengo todo muy limpio, aunque hubiera pasado el fuego no se habría quemado la casa. Tengo la prevención de sulfatar la cuneta", explica, con un punto de orgullo.
A Agullent, durante la mañana volvía ayer una cierta normalidad. En la puerta del Ayuntamiento, todavía era visible un cartel avisando del índice máximo de peligro de incendio. En la vecina Ontinyent, desde donde se coordinó el dispositivo, todavía iban y venían aviones, helicópteros, camiones de bomberos y vehículos militares. En el polideportivo, una quincena de brigadistas procedentes de Albacete, con el cansancio marcado en la cara, esperaban el autobús que les llevara de vuelta. La carretera hacia Bocairent, cuyo turístico y valioso centro histórico estuvo en peligro durante horas, todavía permanecía cerrada por la mañana.
La atención se había desplazado hacia Barxeta y Simat de La Valldigna, en la confluencia de las comarcas de La Costera y La Ribera, donde había varios focos abiertos. Desde Barxeta, también era visible el destrozo. Los vecinos de chalés y casas de campo fueron desalojados el martes por la noche. "Tuvimos que salir con lo puesto", relató uno de ellos. Ayer ya les permitieron volver. El alcalde, Vicent Antoni Giner, aseguró que las viviendas no habían sido afectadas, pero se dolía del desastre ecológico. "Hace unos días acabábamos de inaugurar una ruta a pie por la zona", se lamentaba.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2010