Nueve turistas portugueses que viajaban en el crucero Funchal y que iban a pasar una mañana de compras y turismo en Tetuán (Marruecos) murieron ayer al caer su autobús a un arroyo a unos diez kilómetros de la frontera con Ceuta. Ocho de las fallecidas, de entre 26 y 60 años, eran mujeres. Además, otros 14 viajeros, entre ellos una niña de 10 años, sufrieron heridas graves.
El siniestro ocurrió a las 7.15 hora local, dos horas más en la España peninsular. Según fuentes consultadas en España y Marruecos, el español Juan Antonio Molina, de 65 años, y dueño de la empresa de transporte de viajeros Abyla Tur, notó cómo el autocar que conducía, de matrícula española con menos de diez años, patinaba en una zona con grasa en la que estaba cayendo un pequeño chaparrón. Molina, con cuatro décadas de experiencia al volante, perdió el control del vehículo, que giró en su carril sobre sí mismo, reventó la rueda delantera derecha contra la mediana, atravesó el carril contrario y aterrizó en el lecho de piedras.
Los restos del autobús, aparcados junto al hospital Hassan II de Fnideq, la antigua Castillejos, demuestran que los pasajeros peor parados viajaban en la parte trasera derecha del autocar.
La carretera entre Kundisa y la playa de las Tres Piedras, en Fnideq (Marruecos), con dos carriles por sentido, es engañosa e invita a pisar el acelerador pese a las frecuentes señales que prohíben pasar de 60 kilómetros por hora. A ambos lados del arcén se ven praderas de césped bien cuidado, una sorpresa en Marruecos. La alfombra de hierba solo está interrumpida por un arroyuelo pluvial encauzado por grandes rocas. Fue en este pedregal, el peor sitio de toda la carretera, donde fue a parar el autobús de Abyla Tur con los 44 pasajeros portugueses, tras saltar la mediana, girar sobre el lado derecho y caer a plomo al carril contrario.
El vehículo siniestrado encabezaba una caravana de cinco autocares de la misma compañía. "Había gente gritando y una niña de unos diez años llorando. Tuvimos que sacarlos nosotros del vehículo", afirman Andrés Simoes y Elena Silva, una pareja de 21 años que viajaba en el autobús número 3, justo detrás del que sufrió el accidente. Esta pareja se queja de que las primeras ambulancias tardaron "más de una hora en llegar, y vinieron sin equipamiento". Un portavoz de la Protección Civil marroquí asegura que al lugar se desplazaron nueve vehículos sanitarios. "Las labores de rescate estuvieron coordinadas por el gobernador de la provincia", afirmó. Fuentes consulares españolas sostienen que el despliegue de medios marroquí fue rápido y eficaz.
En el puerto de Ceuta el desánimo se apoderó de los viajeros del Funchal. Telmo Miranda, portugués, director del crucero, daba órdenes frenéticas a través del walkie-talkie y del teléfono móvil. En el autobús siniestrado no hubo apenas ningún pasajero que saliera del todo ileso. Las víctimas más graves fueron distribuidas por hospitales del norte de Marruecos. El resto de los pasajeros, casi todos con magulladuras y cortes, se subieron a los otros cuatro autobuses que formaban la caravana, para regresar a Ceuta.
Lucia Riveiro, de 33 años y natural de Oporto, viajaba en el autobús número 5, el que cerraba la caravana: "Lo único que pude ver fue al autobús número 1 metido en el fondo de un río". El chófer Molina, muy conocido en la ciudad autónoma, y que fundó Abyla hace 25 años, nunca había sufrido un siniestro mortal. Molina se encontraba en observación en un centro sanitario en M'Diq (antiguo Rincón), con un golpe en el pecho, pero en buen estado.
Los cuerpos de las víctimas mortales en el accidente serán trasladados mañana a Casablanca, y de allí a Lisboa por vía aérea, según informó Nuno Fonseca, portavoz de Classic International Cruises, empresa organizadora del viaje. El Funchal atracó ayer en Ceuta, con 480 pasajeros a bordo. El crucero comenzó el domingo en Lisboa, y pasó por Gibraltar y Málaga.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2010