Está la niebla tóxica, pura contaminación, que cubre el veloz cemento de Pekín. Están la lluvia que obliga a cerrar el techo y las pelotas de Tokio, de la inusual marca Srixon, que resbalan sobre la ultrarápida pista japonesa pese a que se parecen a las tradicionales Dunlop. Y están dos españoles desafiando esas complicadas circunstancias de juego, la falta de lógica del calendario, que todo lo aprieta, y las agotadoras distancias que cubrieron para dirigirse a las lejanas tierras asiáticas: David Ferrer venció 6-4, 4-6 y 6-4 al croata Ljubicic y jugará hoy (10.00, Digital+) la final de Pekín con el serbio Djokovic. Rafael Nadal, por su parte, derrotó 7-6, 4-6 y 7-6 al serbio Troicki tras superar dos bolas de partido y se citó con el francés Monfils para conseguir en Tokio un título que se le resiste. Si llueve y hay que cerrar el techo, como ayer, sería el primero indoor desde 2007.
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Los españoles avanzan en los torneos de categoría 500 con partidos eléctricos -¡qué muecas las de Nadal ante sus fallos y sus 18 aces, que igualan su récord!, ¡cómo pega Ferrer la derecha al eliminar el viernes en cuartos a Soderling, el número cinco!- y el resto se centra ya en la gran cita del tenis asiático.
Hoy arranca el Masters de Shanghai. Esos puntos pesan mucho en el sprint por disputar la Copa de Maestros de Londres, desde el 21 de noviembre. Es el gran objetivo de Nadal. Ferrer y Fernando Verdasco, mientras tanto, siguen en la carrera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010